viernes, 23 de mayo de 2008

MUJIK


Piensa el mujik algo tras el velo de sus ojos
que la fatiga tornasola en dos globos zarcos,
si pensar se llama al rumor que siente
desde las entrañas gatear hasta su frente.

Horas de rutina y esfuerzo, días, meses,
años del frío de la estepa en los huesos
no siente el tacto en la piel percudida
ni recuerda el calor somero en otros tiempos
de Natacha Pávlova tensar su arremetida.

Lo ha olvidado todo, con el tiempo,
de aquella chica joven marchita,
en pugna la juventud ciega por fecundar
su cuerpo en una maraña de ilusiones
sobre el campo duro de escarcha,
tálamo de dolor y tundra.

Sólo un rumor que gatea desde el centro
hasta su frente, en medio el corazón, que late
una y otra vez, como entonces, incandescente
cuando mira a Irina joven, tersa su piel,
y las promesas de nuevo al hombre,
que apenas le queda, si no fuera
por los presagios de la primavera próxima,
corta y fría, como todas en Siberia,
que por sus campos infinitos se avecina.

Si no fuera éste y el otro rumor,
sensaciones de vida que el mujik siente
ya no sería más que la fuerza bruta
de una inercia repetida desde el frío
azul de los Urales hasta Kazakhstan.

TURKANA

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