José Merce mammy blue

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miércoles, 25 de junio de 2008

TEXTURAS


Atiende la textura de las piedras
que fría, dura y rugosa
te habla de nuestra madre Gaia.

Atiende la textura del árbol
que tibio, suave o rugoso
te habla de Gaia, nuestra madre.

Atiende la textura de la hierba
que con miríada de lengüecitas es rumorosa
y la paz de su verde exhala.

Atiende a la textura que marca el vuelo del águila,
a la estela húmeda del pez volador sobre el océano,
a la de la montaña, azul y estática,
sobre la cordillera que cicatriza Gaia.

Observa el despropósito aparente del escarabajo,
no atajes a la serpiente en su camino sinuoso
y cree en el mosquito insignificante.

Con todas tus fuerzas ama todas las texturas de la vida
pues la luz y el sol que vas merodeando
y la nave que al infinito te lleva galáctica
ha sido Gaia, tu primera residencia.

Perteneces a lo que ves y no ves.
Eres lo visible e invisible.
Eres un punto de la escala posible,
la medida de todas las cosas que amas y temes.

El hombre eres y tu textura
es el barro y el sarmiento
y con ellos modelas la escultura
de tu maravilloso conocimiento.

TURKANA

DETECTOR SUPER-KAMIOKANDE



Los barcos mongoles que sobrevivieron a la travesía del Mar del Japón pudieron avistar la cadena montañosa que se yergue abruptamente desde el agua cerca de la ciudad de Toyama. Hay quien la conoce como los "Alpes japoneses" y hoy es una famosa zona de esquí. En el interior más recóndito de esos picos nevados, donde no brilla el Sol y nunca ha brillado, puede residir el secreto de nuestra existencia, fraguado por un viento llameante, no necesariamente divino pero sí más intenso que cualquiera que haya barrido la Tierra y tan antiguo como la propia creación. En la profunda mina de Mozumi, en la ciudad de Kamika, hay un inmenso depósito de agua pura y cristalina, que se renueva todos los días para eliminar las impurezas.

El detector super-kamiokande de 40 metros de diámetro y más de otros tantos de altura, alberga 50.ooo toneladas de agua. Y sin embargo, este dispositivo, situado en una mina todavía en uso, se mantiene con la limpieza inmaculada de la pulcra sala de un laboratorio ultra-purificado. Así tiene que ser. El contaminante radiactivo más imperceptible podría ocultar la señal, frustrantemente pequeña, que no cesan de buscar las decenas de científicos que observan el depósito con 11.2oo fototubos alineados fuera del depósito. Si la atención de los científicos flaquera incluso un segundo, podrían perderse un acontecimiento que quizás no vuelva a producirse en toda la vida del detector o de los científicos.

Un único suceso podría explicar por qué vivimos en un universo de materia y cuánto tiempo sobrevivirá el universo tal y como lo conocemos. La señal que buscan lleva escondida por lo menos 10.000 millones de años: es más antigua que la Tierra, el Sol y la galaxia. Y sin embargo, comparada con la escala de los procesos que enmarcan el suceso buscado, hasta ese período de tiempo no es más que un parpadeo del ojo cósmico.

Estamos a punto de embarcarnos en un viaje por el espacio y el tiempo, atravesando escalas que hace tan sólo una generación eran inimaginables. Puede que un depósito de agua colocado en la oscuridad parezca un sitio raro para empezar, pero es de lo más apropiado por varios motivos. Este detector descomunal alberga más átomos (unos 100.000 millones de veces más) que estrellas hay en el universo visible. No obstante, entre los 10 elevado a 34 átomos existentes, más o menos, en el tanque hay un único átomo de oxígeno cuya historia va a adquirir un interés especialísimo para nosotros. No sabemos cuál. No hay nada en su apariencia externa que nos proporcione una clave de los procesos que pueden estar ocurriendo en su interior. Por ello debemos tratar cada átomo del depósito como un individuo.

Nuestro viaje comienza en este oscuro pozo minero. Si exploramos en profundidad incluso una gota de agua, tal vez alojada en el depósito Super-Kamiokande, quizás podremos llegar a distinguir las huellas de la creación y la prefiguración de nuestro futuro.

El agua está en calma, es clara e incolora, pero esa aparente serenidad es ficticia. Investiguemos más atentamente (por ejemplo, sumergiendo una mota de polvo en una gota de agua a la luz de un microscopio) y se evidenciará la violenta agitación de la naturaleza a pequeña escala. La mota de polvo saltará de aquí para allá misteriosamente, como si estuviera viva. A este fenómeno se le llama movimiento browniano, en honor del botánico escocés Robert Brown, quien en 1827 observó al microscopio este movimiento en diminutos granos de polen suspendidos en agua, creyendo en un primer momento que tan estrambótica actividad podría indicar la existencia de una fuerza vital oculta a esa escala.

Hoy nos es difícil darnos cuenta por completo de lo reciente que es la noción de que los átomos son entidades físicas reales y no meras construcciones matemáticas o filosóficas. Encluso en 1906, los científicos todavía no aceptaban de forma general que los átomos fueran reales.

Pero los átomos son reales, e incluso a la temperatura de una habitación llevan una existencia más turbulenta que una granja en medio de un tornado, con continuos tirones y empujones y moviéndose a velocidades de cientos de kilómetros por hora. A esa escala un único átomo puede, en principio, viajar en un segundo una distancia de 100.000 millones de veces su tamaño. Los átomos reales de la materia cambian de dirección por lo menos 100.000 millones de veces por segundo debido a colisiones que sufren con sus vecinos.

Con este experimento nos retrotraeremos al momento en que todo el universo visible de más de 400.000 millones de galaxias, cada una de las cuales contine más de 400.000 millones de estrellas, cada una de ellas con una masa 1 millón de veces mayor que la Tierra, abarca un volumen de una pelota de beisbol aproximadamente.

Aunque en el tanque del Super-Kamiokande todavía no se hayan observado sucesos que nos permitan recrear con cierta seguridad los acontecimientos de aquel momento, sabemos que para que hoy pueda existir nuestro átomo de oxígeno tuvo que darse una serie de sucesos, por sutiles que fueran, en aquella pelota de béisbol.

De hecho, parece que sin una serie de acontecimientos muy improbables (por lo menos tan improbables como que alguien acierte dos décimos del gordo de la lotería en dos sorteos del mismo año) no habría nadie por aquellos contornos para celebrar la creación o jugar a la lotería.

Sin embargo, hay una máxima que siempre tengo presente en mi trabajo: como el universo es grande y viejo, si algo puede suceder, sucederá, sin importar lo improbable que sea. Accidentes mucho más improbables que los que se darían una sola vez en toda nuestra vida se dan cada segundo en alguna parte de las profundidades del cosmos. Por lo tanto, la pregunta más importante de la ciencia moderna, y puede que también de la teología, es: ¿somos un accidente?

Creemos que el suceso que aguardamos en el Super-Kamiokande deberá fijar los detalles de esa respuesta.

Recopilado de "Historia de un átomo"
Lawrence M. Krauss
Fotografías: Galaxia de Andrómeda / detector Super-Kamiodande
TURKANA

jueves, 19 de junio de 2008

REFLEXIONES


Si de ordinario la percepción depende fuertemente de su contexto, tal vez desprenderse de éste sea una estrategia de dudoso valor.

Karl Popper

Nuestro propósito final es formular el comportamiento humano dentro del marco de las ciencias físicas.

Lord Adrian

Si el organismo es un sistema jerárquico provisto de una organización por encima del nivel químico, resulta claro que requiere investigación en todos sus niveles y que la investigación de un solo nivel (por ejemplo el químico) no puede reemplazar a la de los niveles superiores.

J. H. Woodger

Las singularidades carecen de sentido si perdemos de vista el patrón del que todas ellas forman parte.

Michael Polanyi

Decir...que un ser humano está constituido por ciertos elementos químicos es una descripción satisfactoria sólo para aquéllos que pretendan utilizarlo como fertilizante.

Ddmund W. Sinnott

La teleología es como ese tipo de mujer con quien algunos no desean ser vistos por la calle, pero a la que están dispuestos a amar en la intimidad.

Von Brucke (el viejo)

Las explicaciones teleológicas en el ámbito académico son un pecado contra el espíritu santo de la racionalidad científica; niegan la objetividad de la naturaleza.

James Lovelock

La hipótesis Gaia...es una alternativa a la visión pesimista que considera a la naturaleza como una fuerza primitiva que debe ser conquistada y sometida, como también a esa imagen deprimente de nuestro planeta como una nave espacial que viaja siempre a la deriva, sin dirección ni propósito, alrededor de un círculo interior del sol.

James Lovelock

El microbio no es nada. Las condiciones ambientales lo son todo.

Louis Pasteur

De lo que no podemos hablar, debemos guardar silencio.

Ludwig Wittegenstein

Cuando has concluido que el teorema es cierto, comienzas a demostrarlo.

G. Polya

Las obras visiblemente inteligentes no son una clave del funcionamiento de la mente, son ese funcionamiento.

Gilbert Ryle

Para que un proceso vivo tenga lugar, necesita un modelo terminado del producto final, es decir, de la meta, o una cierta proporción de pautas con el mismo grado de especificidad como para guiar un orden apropiado de ensamble.

Paul Weiss

La razón es esclava de las pasiones y así debe ser.

David Hume

Las personas necesitan algo más que entender sus obligaciones hacia los demás y la tierra; también necesita sentirlas.

Wendell Berry

Una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a sus oponentes y permitiendo que vean la luz, sino porque estos se van muriendo y una nueva generación crece familiarizada con esa verdad.

Max Planck

La gama completa de materia viva sobre la Tierra, desde las ballenas a los virus y desde las encinas a las algas, debe considerarse como parte constitutiva de una sola entidad viva, capaz de manipular la atmósfera terrestre según sus necesidades y dotada con facultades y potencialidades que van más allá de las que poseen sus partes constituyentes.

James Lovelock

Un objeto separado de su historia no es precisamente el tipo de cosa que podría existir.

C.D. Broad

Aquello que llamamos estructuras son lentos procesos de larga duración, las funciones son procesos rápidos de corta duración.

Ludwig Von Bertalanffy

Dondequiera que busquemos la constancia descubrimos el cambio.

Daniel B. Botkin

La homeostasis es la totalidad de estados constantes en un organismo, mantenidos mediante la coordinación de sus complejos procesos fisiológicos.

Walter Cannon

La salud es una cualidad permanente, potencialmente mensurable por la habilidad del individuo de rehacerse ante las injurias, ya sean químicas, físicas, infecciosas, psicológicas o sociales.

J. Ralph Audy

Casi desde el momento en que una criatura inicia su gestación o nace se enfrenta al medio ambiente, sea éste líquido o sólido, ya tenga aquélla pelos, sarmientos o músculos; ya nade, repte, se deslice, o aletee; pateando, resoplando, respirando, alimentándose del medio ambiente. No sólo se adapta a éste sino que lo adapta a sus necesidades: come y bebe su medio ambiente, lucha con él, se aparea con él, lo horada, construye en él.

Arthur Koestler

De todas las ficciones con que la humanidad se ha permitido autoengañarse, ninguna es tan vana como la creencia en que el "instinto" de los animales es totalmente diferente de la "razón" de los humanos y que las especies inferiores son autómatas tontas y carentes de alma, separadas de los humanos por un golfo profundo e insalvable.

Henry S. Salt

El mundo natural es el banco sobre el que se extienden todos los cheques.

John Aspinall

La cooperación para el beneficio mutuo, una estrategia de supervivencia más que habitual en los sistemas naturales, es algo que la humanidad necesitaría emular.

Eugene Odum

Resulta sorprendente la manera en que las células de un organismo no sólo cooperan, sino que lo hacen con una orientación determinada para posibilitar y mantener el tipo de organismo específico que constituyen.

Jan Smuts

La naturaleza ha situado al hombre bajo el gobierno de dos maestros soberanos, el dolor y el placer. Ellos señalan lo que debemos hacer y determinan lo que haremos.

Jeremy Bentham

El destino de una célula está en función de su posición.

Hans Driesch

En los asuntos importantes el estado es un instrumento del sistema industrial.

J.K. Galbraith
Citas escogidas por Edward Goldsmith
El Tao de la ecología

TURKANA

jueves, 12 de junio de 2008

PUBERTERIO


Van las tres hablando,
Sandra, Nuri y Vane.

Ríe que te ríe y alborotando
de Marc, Jordi y Nando,
los ojos saltando
con chispas de ilusión,
las palabras a medias
entre las perlas de los dientes
y la lengua de trapo,
anda que te ando
a la ronda van las tres,
Sandra, Nuri y Vane.

Entre chanzas y a ratos muy serias
hilan ovillos de amores,
que si los ojos de Marc
que si la boca de Nando
y las gracias de Jordi reían.

La calle se calla
y un gato, convexo y oblicuo,
las ve, meditando
en el balcón de las flores.

Un señor taciturno
y vestido de negro,
con sonrisa condesciende
contando hasta tres
sobre la tanguita de Vane
cabalando el encaje del mundo
con su cráneo conspicuo.

TURKANA

miércoles, 11 de junio de 2008

RELATO ABIERTO: TIBURCIO FUENTES ESCALANTE

Las sugerencias de los amigos y amigas lectores se incorporarán a este relato en favor a su pertinencia.
La adaptación estilística se reserva para el autor. No obstante, de coincidir estilo y fondo se incorporarán en su integridad. En cualquiera de los casos, parcial o total, la incorporación de texto y conceptual, se citará el colaborador con su nombre o seudónimo.

TURKANA

TIBURCIO FUENTES ESCALANTE


El sabía que ese día no iba a ser como todos. También sabía que la vida sería el último día que le restaría. Tiburcio Fuentes Escalante, funcionario público de la Seguridad Social, INSERSO, organismo autónomo, estaba acostumbrado por su trabajo a contemplar los efectos devastadores del tiempo en los seres humanos. Mas bien en lo que la vida restaba de humanos a los seres viejos y decrépitos que cada día desfilaban por su mesa. Por otra parte conllevaba su nombre ya con el olvido propio de los años que todo lo repiten y desgastan.

Muy de niño, Pituco para acá, Pituco para allá, correspondía con gracias, que le eran propias y al decir de la familia señales claras de su viveza y chispa especiales, a la musicalidad de esa sincopada palabra. Quizá sean los otros los que nos hagan cuestionar las cosas, quizá si no fuera por ellos seguiríamos viviendo en una especie de limbo infantil y perpetuo tomándonos y disfrutándonos la vida según nos viene.

Pero pronto -parece un lapso demasiado efímero el tiempo pasado contemplado desde el presente-, alcanzada esa edad en que los quebrantos y alegrías entran en nuestros sentidos desde las palabras y los gestos de los demás, se fue reconociendo en el juego de espejos cóncavos y convexos al vaivén azaroso de los reflejos.

La escuela con sus grandes descubrimientos también le trajo el nombre entero y redondo de Tiburcio envuelto en papel de broma, fuera desde la risa sarcástica de un profesor sin alma o desde la repetición diapasónica del griterío de los compañeros en el patio. Así que Tiburcio, para más detalles Fuentes Escalante, se dio en pensar que el era y estaba, en plazo y tiempo señalados, predestinado. Un predestinado a todos los efectos.

Claro que en esa génesis ni conocía el término ni lo que él significa. Aunque las ideas son previas a su nomenclatura de igual manera que las intuiciones lo son a las ideas. El niño Tiburcio tenía ráfagas de intuiciones que andando el tiempo se convertirían en intuiciones reelaboradas día a día para que el día que el sabía que no sería como todos pudiera, al fin, formularse para sí una idea casi clara de que el plazo de tiempo en el que el era y estaba predestinado estaba a punto de vencer.

Se ha despertado como todos los demás días, con la sensación vaga de haber soñado pero no recuerda ninguna imagen. Se siente descansado aunque percibe su cuerpo acorchado y el cerebro duro como una piedra. Conoce desde hace mucho ese estado intermedio, desde el sueño a la vigilia, en el que le sería muy fácil volverse a dormir y no tanto despertar. Despacio, la piedra pómez de su cuerpo recobra la energía en forma de calor necesario para que sus miembros tiren de él hacia los pasos intermedios con el objetivo puesto en su Organismo Autónomo que le espera puntual a las ocho en forma de ficha digital. Es un objetivo suficiente y necesarios son los pasos previos, como abrir los ojos y mirar, sin ver, la luz de la cocina donde su mujer prepara el desayuno de ambos.

-Tibu, el café.
...

TURKANA

sábado, 7 de junio de 2008

RYSZARD KAPUSCINSKI: LA PERFECCIÓN DOCUMENTAL


No deja de ser Jerjes una figura enigmática. Aunque durante un tiempo gobierna el mundo (casi todo él, con la excepción de dos ciudades: Atenas y Esparta, cosa que le quita el sueño), sabemos bien poco de él. Sube al trono a la edad de treinta y dos años. Ansía el poder absoluto, sobre todos y sobre todo (me viene a la memoria el título de un reportaje del nombre de cuyo autor lamentablemente no me acuerdo: "Mamá, ¿llegará el día en que lo tengamos todo?"). He ahí, precisamente, el motor de su vida: el deseo de tenerlo todo. (...)

De manera que Jerjes, actuando de acuerdo con lo que le dicta la voz del destino, va a la guerra. Sabe lo que constituye su fuerza más poderosa, que a la vez es la fuerza de Oriente, de Asia: el número de sus hombres, esa incalculable marea humana que con su solo peso e ímpetu apabullará y aplastará al enemigo. (...)

Primero, durante cuatro años, se dedica a formar su ejército, el ejército del mundo, en cuyas filas entrarán, sin excepción, todos los pueblos, tribus y clanes del imperio. Su mera enumeración ocupa a nuestro griego [Heródoto] varias páginas. Según cálculos, el ejército en cuestión -infantería, caballería y tripulación de navíos- contaba con más de cinco millones de hombres. Exageraba. Aun así, era un ejército enorme. ¿Cómo aprovisionarlo de agua y comida? Entre hombres y animales, aquella mole en movimiento se bebía ríos enteros, dejando tras de sí cauces vacíos. alguien notó que Jerjes, felizmente, comía una vez al día. Si el rey y tras él todo su ejército hubieran comido dos veces al día, habrían convertido en desierto toda Tracia, toda Macedonia y toda Grecia, y todos los habitantes de esas tierras habrían muerto de inanición.

A Heródoto le fascina el avance de este ejército, le fascina ese mareante flujo de hombres, animales y pertrechos, ese caudaloso río de armas y ropajes -pues cada pueblo tiene sus propias vestimentas-: el abigarrado colorido de todo ese gentío no es fácil de describir. Abren la columna dos carros: el sagrado carro de Ahuramazda, tirado de ocho blancos caballos, en pos de los cuales venía a pie el cochero con las riendas en la mano, pues ningún hombre mortal puede subir sobre aquel trono sacro. Tras él venía el mismo Jerjes, sentado en su carroza tirada de caballos "neseos"...A sus espaldas marchaban mil lanceros, luego otro escuadrón de caballería selecta y, detrás, un cuerpo de la mejor infantería, que constaba de diez mil "inmortales". Estos refulgían de tanto oro como llevaban. Tenían, asimismo carros especiales en los que iban sus cortesanas y sus sirvientes, numerosos y hermosamente ataviados. Tras ellos caminan, formando ya un desordenado tropel, ingentes masas de soldados de todas las razas y tribus. (...) Heródoto apunta que "era necesario el uso del látigo para apremiar a un ejército que avanzaba en silencio y a duras penas"

Sigue con suma atención el comportamiento del rey de los persas. Jerjes tiene una naturaleza impredecible, desequilibrada; asombroso manojo de contradicciones, recuerda a Stavroguin, el "demonio" dostoievskiano. (...)

"Fuese Jerjes a pasear entre los muertos, y allí dio orden de que, cortada la cabeza de Leónidas, fuera clavada a un palo".

Ryszard Kapuscinski
Viajes con Heródoto


Si reflexionamos sobre dónde se encuentra el secreto del gran placer que supone leer a Kapuscinski encontraremos muchos y diversos motivos que contribuyen a ello. Todos son motivos explícitos: escribe bien, perfectamente documentado, narra los hechos desde el presente, geográfico o ideográfico, tiene gran curiosidad y escudriña la realidad. Además, interviene lo justo sin escurrir el bulto y, en muchas ocasiones, los temas que elige o tuvieron una gran importancia histórica o bien vivimos las consecuencias; es decir, narra acontecimientos clásicos y, por ende, plenamente vigentes en cualquier tiempo, pues de las cosas del corazón de los hombres y de sus trabajos se trata.

Si somos algo más inquisitivos y no nos conformamos con las apariencias y arañamos con tiempo y tesón el pan de oro con que recubre sus historias, y podemos hacer esto porque al leerlo sentimos que él y los personajes vivos, muertos y ficticios con quienes interactúa se nos representan con una definición casí holográfica, entonces llegaremos a descubrir varias segundas razones de su extraordinaria forma de escribir.

La definición que podría sintetizar la grata sorpresa que nos depara su lectura se puede parecer a esta: tiene la mirada limpia de un niño desde el cerebro de un hombre inteligente.

La mirada limpia de un niño presupone perspectivas sin prejuicios, llenas de sorpresas y sorpresas para todo. Todo es importante y del detalle hace relevante el gran acontecimiento. La intrahistoria y la historia, propiamente dichas, caminan de la mano.

La mirada limpia de un niño presupone asunción de realidades culturales distintas, y aun muy distintas. Asunción que no aceptación. Porque la aceptación, como la tolerancia, implican una cierta condescendencia con el "otro" desde posiciones de enfrentamiento.

El niño mira apasionadamente y se implica. Implica su naturaleza fundiéndose con lo que le apasiona. Juega, le da vueltas, pregunta y habla; pero sobre todo, escucha. Escucha y piensa, porque trata de aprender.

Kapuscinski, supera el reportaje periodístico, culmina el documental y bordea la literatura con su estilo sereno, limpio e inquisitivo. Kapuscinski, es kapuscinski.

TURKANA

jueves, 5 de junio de 2008

MI NOMBRE ES YO


Recorro las calles de una bella ciudad castellana y tengo muchos lugares donde ir. Me esperan y desean en todos esos lugares y estoy seguro que en muchos otros que deseara visitar tendría, igualmente, las puertas abiertas. Las de las casas y tascas, bares, pubs y palacios. También las de los corazones. Mis ojos oscuros y misteriosos, llenos de penetración, mis labios perfilados en el punto justo de ensueño junto con las palabras íntimas y envolventes, a veces como susurradas al oído, con la cadencia y temple justos para ser penetradas, sobre todo en las mentes de las chicas y también de las mujeres, mi piel elástica de reptil oscuro aceituna, mi pelo liso color caoba y mi cuerpo grácil de felino son las llaves de todas las puertas. Dentro de esos lugares, sean habitaciones o corazones, todas y todos se mueven al compás de mi cerebro ocurrente y certero.

La seguridad de lo que soy me acompaña, me sé en posesión de lo que tengo y lo utilizo según mis objetivos, siempre precisos. A quienes lanzo mis dardos ineludibles les inyecto ambrosías de pasión y siendo quien soy, y sabiendo cuál es mi misión urdo en sus almas telarañas de colores. Las crisálidas de todos los deseos de las almas femeninas, después de forcejear un tiempo que yo mido entre los finos hilos de glicina y alanina, vuelan libres en sobrevenidas mariposas, insectos de belleza frágil capaces de elegir múltiples destinos. Así que no soy un ángel malo.

En esta mañana soleada de invierno siento en mi piel el frío cortante de Castilla y subo el cuello de mi cazadora en un gesto que tiene más de acomodación al mimetismo de los otros que a mis necesidades. Regulo perfectamente mis urgencias no por la perentoria lógica que las define sino por su función respecto a las miradas de los otros. He cruzado la plaza mayor, maravillosamente aportalada -los hombres a veces consiguen con su arte huellas cercanas a mi naturaleza- y me dirijo por la Casa de las Conchas al Campo de San Francisco donde me espera Ania, una de tantas chicas extranjeras venidas a los cursos de la universidad. La otra noche, en el Puerto de Chus, me fijé en ella no porque fuera una de tantas de esas chicas. La observé y la pensé porque de ella, de sus miradas abiertas e inocentes, de su malicia incipiente de hembra en juego, de sus promesas y turgencias mullidas a la vista y sobre todo, por la caligrafía al aire de sus diez dedos blancos, finos y malabares que deberían hacer contraste con algunas de mis innominadas partes, todo eso emanaba.

El Campo de San Francisco es un parque recoleto, pequeño, delimitado por parterres con rosales cercados por setos. En el centro del parque un estanque exagonal lleno de agua salpica, en susurro de gotitas, la cascada de la fuente construida como una concha sobre él. San Francisco petrificado alza las manos al cielo en la duda de si a Dios o a la nube de pajarillos que le revolotean. A sus pies un lobo manso, simpleza de los humanos que todo lo antropomorfizan. Cerca de parque está Fonseca, la Facultad de Medicina con sus cadáveres diseccionados y preparados en formol, esperando la impericia de los estudiantes.

Ania me espera sentada en la fuente, levanta un momento su cabeza en un movimiento que tiene algo de convulsivo y que ella transforma en un gesto para despejar su cara de la melena rubia y suelta que le cae. Sus ojos azules cielo me ven llegar con todas las promesas rutilando en sus pupilas. Me ve en dos niveles, en la distancia mi cuerpo que desea cerca del suyo y que la tape, y me ve ya a su lado una cara, una boca y unos ojos que la inmantan. Siente la cálida humedad de mi boca en la suya y, por un momento, no sabe si es ella o yo. Escucha mis palabras pegadas a su boca, sentada en la fuente, sus piernas cerradas entre la pinza de mis piernas, mientras cinco de sus preciosos dedos blancos, finos y malabares se cristalizan de frío removiendo el agua del estanque. Tomo su mano mojada con ribetes rojos por el frío que la atiere y voy chupando uno a uno sus cinco dedos malabares que en mi boca se acomodan al lecho de mi lengua.

La calle Meléndez es una de las calles centrales e históricas de la ciudad. Alberga multitud de residencias y pensiones para estudiantes universitarios. La Residencia Meléndez es una de las más conocidas. Desde la cama, desnudo, con la calefacción al máximo, salgo de la somnolencia apelmazada de un sueño corto que en mi condición humana me he permitido pactar. Una batalla librada entre los cielos y la tierra ha llevado a Ania a un estado de calambres y suspiros durante horas. Por mi parte he libado, con conveniencia y satisfacción también pactadas, todas sus partes y recorrido todos sus caminos. Ha bebido de mi y sentido tocada su alma en los entresijos más cerrados de su esencia de mujer. La miro dormida. Su sensualidad lángida y blanca de nórdica mulle las sábanas con sus formas abandonas, redondas y tamizadas de feminidad. Entre sueños se remueve como si fuera a despertarse pero sólo es que sus pezones se erectan y oscurecen un instante. Penetro con mis ojos de lo que soy en sus sueños y me veo eternizado y fundido con ella para siempre en la batalla.

Me lavanto y me llego al balcón, abro las contraventanas y respiro el aire frío del atardecer que va cubriéndose de nubes negras. Miro la ciudad castellana de piedras blancas mollares oscurecer el oro de su arcilla. Me vuelvo y miro a Ania, ya despierta, que me mira. Pero no me ve. Al contraluz del balcón debería ver mi silueta. Estoy casi a su lado. Se lavanta sobresaltada.

Albert, amor, ¿dónde estás?


TURKANA
Derechos de autor reservados:
A.C.P.G/2008



lunes, 2 de junio de 2008

DAGUERROTIPO


Las noches de verano, densas y apelmazadas, eran invadidas en su paz por zumbantes y atolondrados abejorros que volaban buscando salidas imposibles por los focos y las paredes enjalbegadas de la casita de campo. Miopes hasta el esperpento se estrellaban una y otra vez y tenaces como cerdos con alas hozaban incansables contra los descalabros que yo les propinaba. Parecían los élitros hélices de helicópteros elevando un peso muerto. Más que poseer una deficiente aeroestación parecían ser una aberración del instinto, bobos hasta la consunción. Pero a ellos rindo homenaje porque en su torpeza me enseñaron a metaforizar la nobleza. Eran como rapaces obsesos y noblotes con alas, un poco deficientes y algo enternecedores. Tan alejados de los sibilinos, prácticos, sabiondos y vivaces mosquitos. Lejos también de las polillas batiendo silenciosas alas textiles. Abismados de las moscas, no por familiares menos indeseables. Aquellos abejorros eran tangibles, se dejaban golpear por mis palos y atravesar por las púas de la acacia.

Venían todas las noches de la oscuridad del campo a la luz de los focos a enredarse por la acacia. Volaban un momento sobre la cena a la fresca y ya no paraban en toda la noche de toparse contra las paredes y los platos dispuestos para el ágape.

TURKANA