domingo, 1 de marzo de 2009

DIARIO DE UNA NINFÓMANA


Momentos de una ternura infinita, como el de los besitos a un joven tetrapléjico en el casi único punto sensible de su cuerpo, hacen que se te vuelque el corazón.


"He sido una mujer promiscua, sí. Porque pretendía, en definitiva, utilizar el sexo como medio para encontrar lo que todo el mundo busca: el reconocimiento, placer, autoestima y, en definitiva, amor y cariño. ¿Qué hay de patológico en eso?"

Nada, Valérie Tasso. Nada hay de patológico en eso. Al contrario, es justamente esa descripción final de tu libro la causa del reconocimiento de las personas desde que nacen hasta que mueren. Claro, que no sólo. Existen otras causas de la acción humana que lindan con lo que todo el mundo busca, y son tan importantes, excluyentes y, además, tan poco patológicas como eso que dices y digo.

El conocimiento y la propia individualidad. Ambos inextricablemente unidos. Sea el conocimiento científico, metódico, sea el conocimiento sensible, apasionado por vivir, sentir y entender nuestra propia vida. Abrir una brecha de consciencia en el telón de nuestro pensamiento por reconocernos a nosotros mismos en esta vida misteriosa.

Los lugares comunes, el ensimismamiento habitual que nos envuelve, el ir resbalándonos por la superficie de los objetos, sintiendo, apenas, las texturas de ellos es en lo que consumimos gran parte de nuestra preciosa vida. Y, ¡qué difícil nos resulta salir de esas texturas dadas, salirnos de esa vida venida! ¡Qué de intentos por descubrir en el aroma a leña, a bosque tras la lluvia de abril, a lengua de hombre, a piel y arremetidas, qué de intentos por descubrir y descubrirnos en todo eso a nosotros mismos!

Descubrirnos para reconocernos y, a la vez, para que nos reconozcan. Quizá no podemos reconocernos sin que nos reconozcan. ¿Buscabas eso, Valérie? Tiene que haber una explicación para eso. ¿Es necesaria? Tan necesaria como saber de la fuente que emana el río. ¿El saber de la fuente cambia algo, acaso? ¿El sentir sobre la piel las punzadas frías del agua en la montaña, acaso cambia algo? ¿Sentir el peso abrupto de tu cuerpo en la desarticulación de tus pies desnudos buscando apoyo en los lisos guijarros de la corriente, cambia eso algo acaso , Valérie?

Saber y no saber, explicarse y preguntarse los porqués es la vida fluida, como los ríos que sabemos de dónde vienen e intuimos en el mar que acaban. En esa dilución magmática y fluida del océano. Somos tan pequeños, Valérie, como pequeña has sido siempre tú. Pero, Valérie ¿hiciste tanto camino, tantos pies lamidos por el agua entre guijarros para que en el curso medio de tu vida devengas, al fin "más impermeable a lo que me rodea"? . La permeabilidad es la esencia de la vida.

A veces nos parece más dichosa la piedra, fría y dura, porque esa no siente; y nos parece dichoso el árbol porque es, apenas, sensitivo. Si me permites parafrasear a Rubén Darío. Pero la vida,la carne de la que recubrimos los átomos de la dura roca es permeabilidad. La vida frente a la piedra es un baile imprevisto de electrones. Al final tuviste miedo Valérie y has querido, quizá no has querido, volver al lugar común, a esa otra casa, íntima y segura para vivir una vida "más ligera de llevar, sutil, suave al tacto", tan alejada esta casa tuya de ahora de la otra en que viviste "un lugar donde la vulnerabilidad y la fragilidad de los seres humanos están siempre a la orden del día".

"Por fin había descubierto el camino a seguir...el de ser yo misma."

En realidad, Diario de una ninfómana, es el camino contrario. Valérie Tasso descubre por fin el camino a seguir...dejar de ser ella misma.

TURKANA

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