miércoles, 20 de enero de 2010

CÁNCER (IV)


El cáncer se desarrolla a partir de un trastorno génico cromosómico en células individuales.

Gen RAS: mediante una prueba molecular muy sensible para determinar la presencia de una mutación génica que en la actualidad se suele encontrar asociada al adenocarcinoma es la prueba de la reacción polimerasa en cadena, que puede detectar incluso una copia de un gen (o un fragmento de un gen) mediante un método de amplificación que se ha convertido en práctica cotidiana en todos los laboratorios de patología molecular y ciencia forense. El gen humano en cuestión se llama RAS.

Gen PATCHED: este gen aparece muy frecuentemente como gen mutante en la forma más común de cáncer, un cáncer de piel distinto del melanoma que recibe el nombre de carcinoma de las células basales.

En este caso, el gen no se hereda en forma mutante sino que experimenta una mutación en una sóla célula de la piel, probablemente a consecuencia de la exposición a radiaciones UV.
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PERSPECTIVA EVOLUTIVA

El centro de acción del cáncer abarca desde las más pequeñas subunidades del ADN, los nucleótidos, a las células y el cuerpo entero; comprende la historia humana y el comportamiento social; y ocupa períodos de tiempo desde horas a décadas y hasta millones de años.

En la opinión de Mel Greaves la perspectiva que mejor explica el cáncer es la darwinista, la evolutiva.

La biología evolutiva nos muestra que algunas dolencias particularmente comunes en sociedades humanas pueden entenderse no sólo con referencia a causas proximales o inmediatas, sino también como consecuencia de la discordancia existente entre nuestra genética, anatomía y fisiología, por una parte, y la rápida adquisición de nuevas dietas y estilos de vida, por otra. Esto promete darnos una nueva y valiosa perspectiva sobre problemas médicos tan diversos como la obesidad, la diabetes, las enfermedades del corazón, la degeneración de huesos y articulaciones, las complicaciones del embarazo, la miopía y muchos aspectos del envejecimiento.

La premisa de partida en este relato sobre el cáncer es que la causa inmediata o proximal es la variación o mutación de genes, un juego de azar que sigue unas reglas a un tiempo constreñidas y liberadas por nuestra historia evolutiva. Los genes mutantes y los clones de células en los que residen toman el lugar central en esta historia de la evolución. Esta es una condición necesaria aunque no en sí misma suficiente para una explicación creíble. La explicación más amplia de las causas es mucho más abigarrada, multidimensional e interesante. Estos son los tres ingredientes evolutivos de la historia, resumidos aquí como sinopsis o aperitivo.

*Las cláusulas de penalización

*El trinquete social

*El clon dominante

LAS CLÁUSULAS DE PENALIZACIÓN:

1. Fidelidad imperfecta de la copia, mantenimiento y reparación del ADN

El cáncer refleja cláusulas de penalización intrínsecas a nuestra historia evolutiva. Dos de ellas tienen un origen muy antiguo. La primera es la fidelidad imperfecta de la copia, mantenimiento y reparación del ADN, de lo que se sigue la mutabilidad intrínseca de nuestros genes. El código genético no es sacrosanto; es más, si lo fuera, la evolución no sería posible. Un cierto nivel de propensión al error es una necesidad evolutiva.

2. Medio mutagénico

La vida ha evolucionado en un planeta que tiene una geología radiactiva por naturaleza y que está bañado por una fuente solar y cósmica de radiación electromagnética.

La radiación con actividad ionizante, como los rayos gamma, puede, por transferencia de energía, impartir carga (o ionizar) y alterar la estructura de las moléculas de agua y del ADN de las células.

La propia biosfera crea una rica variedad de toxinas, venenos, substancias químicas y agentes infecciosos que pueden dañar o mutar el ADN.

3. Química endógena dañina

La fisiología de nuestros tejidos y el metabolismo de nuestras células están impulsados por el oxígeno y, por paradójico que parezca, los subproductos de estos procesos pueden dañar y dañan nuestro propio ADN.

Las mutaciones ocurren constantemente y son ciegas a sus consecuencias. Es la materia prima con la que trabajan la selección natural y la evolución en la naturaleza.

4. Requisito fisiológico

El segundo legado ventajoso pero inherentemente peligroso es el requisito fisiológico, especialmente en criaturas multicelulares complejas como nosotros mismos, de funciones celulares que confieren resistencia pero están preñadas de potencial maligno: la plasticidad fenotípica y la gran capacidad de proliferación de ciertas células, combinadas con su movilidad y capacidad invasora, además de la disponibilidad de canales linfáticos y vasculares para la migración celular. Estas propiedades casi cancerosas son características esenciales del desarrollo embrionario, de la inflamación y curación de las heridas, de la renovación de los tejidos, de las respuestas al estrés, y de la función de la placenta durante el embarazo.

Hay por tanto un riesgo potencial inherente de mutación y cáncer en nuestra composición genética y fisiológica, un inevitable bagaje histórico.

5. Presión evolutiva al desarrollo de restricciones a la mutación y cáncer

Las dietas contienen, o debieran contener (sobre todo de origen vegetal) minerales, vitaminas y otras substancias químicas con propiedades protectoras o antioxidantes. También estamos bien provistos de genes que codifican proteínas con funciones protectoras o moderadoras, como la detección y reparación de daños en el ADN, la detoxificación y la función antioxidante.

La proliferación compulsiva o persistente de las células es registrada en la célula como algo potencialmente disruptivo y activa mecanismos de seguridad que compelen a las potenciales fugitivas a adoptar un estilo de vida de quiescente sopor o abocarse a un final suicida.

Las penalizaciones por la transgresión pueden ser severas, por ejemplo, la muerte celular (apóptosis).

Estas funciones protectoras y estos contratos sociales dentro y entre todas las células de las criaturas multicelulares, entre las que nos incluimos, están legisladas por genes, muchos de ellos de considerable antigüedad evolutiva.

Pero estos controles no son omnipotentes, de modo que minimizan pero no consiguen eliminar las mutaciones del ADN. Además, los propios genes reguladores no son inmunes a las mutaciones.

El juego genético de azar que resulta de todo esto está claramente sesgado a favor de la supervivencia.

En consecuencia, los pequeños tumores y unos niveles modestos de cáncer son inevitables y comunes en la naturaleza. Y todos mantenemos el equilibrio más cerca del precipicio de lo que quisiéramos imaginar.

EL TRINQUETE SOCIAL

En nuestra memoria evolutiva como Homo sapiens existe un plan de juego que falla en lo que concierne al cáncer. Falla por culpa de una doble maldición que surge de lo que, en un principio, eran adaptaciones ventajosas. Primero, nuestra capacidad para sobrevivir durante largo tiempo una vez superado nuestro período reproductivo. Y segundo, nuestra propensión a interferir en nuestra biología y la de otros individuos.

Nos hemos convertido en animales sociales en discordancia con nuestra genética, atrapados en un desajuste entre biología y cultura en el que nuestra simple genética resulta incapaz de alcanzar o adaptarse a nuestros estridentes y exóticos hábitos sociales.

EL CLON DOMINANTE

De los miles de millones de células que nuestro cuerpo produce cada día, por lo general sólo una célula y su clon descendiente logran escapar a los controles en toda una vida y causar devastación.

El proceso biológico de desarrollo del cáncer, que tiene su origen en errores en el ADN que conducen a la formación de un clon celular territorialmente dominante no es, al fin y al cabo, sino una curiosa parodia de la diversificación de las especies durante la evolución.

Pero no se reduce a un paralelismo con la evolución: es evolución protagonizada por células con unos 2.000 millones de años de memoria genética de egoísmo unicelular. Nuestras células son parásitos latentes y pueden convertirse en parásitos de hecho, el no va más del atavismo.

El prolongado período necesario para la evolución clonal del cáncer y la falta de una relación lineal o simple entre causa y resultado son características esenciales que al mismo tiempo frustran la identificación inequívoca de los riesgos y atemperan la aceptación de esos riesgos.

En todos estos componentes evolutivos del cáncer, el azar desempeña un papel de comodín. El azar actúa a todos los niveles de la vía causal multidimensional del cáncer, del mismo modo que lo hace en la evolución biológica en general, sin ir más lejos, en la lotería genética que se juega en el momento de nuestra concepción.

Pero es posible jugar con ventaja, si se conocen las reglas del juego.

TURKANA

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