jueves, 14 de agosto de 2008

POETA



Un poeta no sabe, ignora.
Un poeta siente, llora.

De oro, de oro es la vida.
De hielo, de hielo es la muerte.

Sabe, ignora, siente, llora.

Llora muerte y llora vida
porque es poeta y siente.
Llora con él tú ahora.

Ilustración de Michael-Parker

TURKANA

viernes, 8 de agosto de 2008

TURKANA: CARTA DE AMOR DESESPERADA

TURKANA: CARTA DE AMOR DESESPERADA

Carta encontrada en una de las casonas de la muy ilustre villa de Medinaceli, en la provincia de Soria (España). Es una carta de amor descubierta por Turkana y Fabrizio Perugia en el año 2002 y los extremos sobre las indagaciones hechas para encontrar al autor de la misma así como las circunstancias geográficas y consideraciones que nos han movido a publicarla se explican en la siguiente Entrada MEDINACELI, CIUDAD DEL CIELO.

MEDINACELI, CIUDAD DEL CIELO










Desde Zaragoza a Madrid la carretera discurre sinuosa por los valles del río Jalón y poco antes de entrar en la comarca de la Alcarria, en Guadalajara, cercano ya Madrid, cruzas un pueblecito de carretera desangelado con un puñado de casas a izquierda y derecha, dos bares, un taller mecánico, una sucursal de Caja Madrid y un perro sarnoso que rasca sus pulgas con una concentración tenaz al lado de un viejo petrificado en un poyo. Medinaceli. Nada de ciudad del cielo, un pueblo pequeño, pretendidamente funcional, mal construido, decididamente feo, inerte y absolutamente terrenal y polvoriento.
Cae la tarde y ni la sombra en que el pueblo se va sumiendo mitiga el aspecto desolado y triste de las casas construidas con ladrillo barato y placas de hormigón gris. Fabrizio me mira confundido esperando una respuesta por mi parte, algo que explique por qué nos hemos detenido en ese lugar aparentemente insulso. Es tan insulso, tan barrido por la tristeza que esa misma podía haber sido la razón. Pero hay otra que además viene acompañada de la sorpresa. La sorpresa la descubre cuando le indico a lo alto y la razón está justamente allí, en Medinaceli, sobre una colina a 1200 metros de altitud. Se divisa un arco romano, que bien pudo ser de triunfo o puerta de muralla. Estuvo por mucho tiempo Medinaceli rodeado de una muralla de la que apenas quedan vestigios más allá de las crónicas. Un arco romano y un castillo mocho es lo único que se ve desde abajo, desde el feo Medinaceli, el moderno y funcional pueblo de carretera que nada tiene de moderno y menos de funcional, excepto por el hecho de estar cruzado por una carretera nacional que más parece maldición que bendición.
Animoso y curioso hasta la saciedad Fabrizio me insta a subir la montaña. Eso esperaba de él. Siempre está predispuesto a encontrar nuevas sensaciones en los lugares más inesperados. Es una de esas coincidencias que se dan en nuestra amistad y que hemos practicado con devoción tanto en Italia como en España, países ambos en los que la curiosidad por las sensaciones escondidas siempre se ven premiadas. Tomamos la carretera que asciende por la montaña y entre curvas y estrecheces subimos hasta el castillo. Antes de llegar al castillo y el arco una fuente bien construida en piedra, en semicírculo, con escalones de acceso y de la que salen dos bancos también de piedra corridos a ambos lados y cubiertos de musgo amarillento, mana continuo un chorrito de agua cristalina. Un hombre con la cara abotargada y roja de pimiento morrón mira paciente cómo se llena una garrafa de plástico. A lo que se ve es su punto de provisión del líquido elemento pues tiene una surtida colección de garrafas alrededor y dentro de una furgoneta blanca, de las que tiempo ha llamaban de los lecheros.
-Buenas tardes.
-Buenas tardes, nos dé Dios, señores.
Se ve enseguida que es un hombre ritualista, antiguo y convencional. Fabrizio piensa en la religiosidad profunda de estas gentes del centro de España.
-Beban, beban, señores. Yo tengo pa un rato entodavía.
-Este agua alivia el calor-le digo tras probar la frescura y el sabor mineral de un agua que para sí quisieran las embasadas al consumo.
-Esta calor no la alivia ni Dios bendito.
Fabrizio me dice pensativo lo paradógico de las palabras de este lugareño. Por un lado Dios que nos da la bienvenida y por otro la blasfemia de un Dios incapaz de mitigar la solana. Va entendiendo la religiosidad del castellano.
Dejamos el coche a un lado de la fuente, en un prado de hierba baja agostada y andando nos acercamos hasta el arco romano y el castillo. Desde allí la vista es magnífica. Se explanan campos amarillos y rojos vinosos y argenta velados por un tul caliginoso que la canícula ha dejado prendido de los alcores flotando sobre los valles. El arco romano del siglo I después de Cristo está perfectamente conservado y siente uno el imán del tiempo al tocarlo. El castillo desalmenado es un conjunto geométrico de cubo y cilindro en piedra blanca y la sensación ahora es de hermetismo. Como una idea cerrada y materializada en piedra.
Entramos en la villa por la puerta árabe, un arco ojival en piedra maciza abierto a los campos extramuros de lo que debió ser continuación de la muralla. Y enfilamos las calles desiertas de Medinaceli. Es un placer recorrer este limbo pétreo y vetusto en el que parece que la pátina del tiempo exhudara un líquido de nostalgia por las hendiduras de las piedras y desconchones que los siglos han ido perpetrando. El sol, perdido en lontananza, no hace sentir su calor como en el valle. Los anchos muros de los palacios y casonas, las tapias que cercan recoletos huertos interiores y un aire perpetuo de estas sierras impregnan nuestra piel y nuestro olfato del aroma del romero, la genciana y el tomillo.
-Fabrizio, esto es el balneario del cielo.
-Supimos lo que hacíamos cuando instalamos aquí nuestras legiones.
-Supimos lo que hacíamos cuando os mandamos de vuelta a vuestro Vénetto.
Fabrizio, veneciano de nacimiento tiene sentimientos encontrados entre Italia y Venecia. En realidad Venecia sigue siendo para él la República que un día soñó seguría siendo. De todos modos también él sabe de mi amor por esa República del agua a la que tantas veces he llegado, como en un sueño, por su Puente de la Libertad.
Ensimismados y con los sentimientos de la Historia envueltos en capas de cebolla nos avocamos a la Plaza Mayor aportalada y amplia que se nos revela como una conjunto de perfecta geometría recién parido del Medievo y traído para nuestra emoción por la máquina del tiempo. Es la apoteosis del pueblo. Las sombras, de un sol ya hundido en los amplios horizontes, entenebrecen los pórticos y nos envuelven en una atmófera gótica que por un momento nos hace sentir una especie de escalofrío en el colodrillo.
-Fabrizio, ¿no oíste un susurro salir de ese portal?
-Ulises, deja tus bromas para otras irreverencias más seguras que aquí se mascan los fantasmas sin necesidad de invocarlos.
Mi risa retumba contra los muros y se amplifica por los soportales repetida por el eco como un zumbo de cascada entre piedras. Uno, que no es demasiado aprensivo y quizá menos dado a parapsicologías y otras propensiones etéreas, no puede menos de sentir cierto cosquilleo ante la contundencia de una soledad que se te cuela en los huesos.
Vemos, bajo la luz de un farol oxidado, la luz de una taberna e intuimos que allí debe haber, por fin, alguien y con suerte incluso podamos tomar algún consuelo al estómago o al gaznate. Entramos y, para nuestra sorpresa, la cantina está casi llena. Para lo que hemos visto en la calle está abarrotada de gente. Dos niños sentados en dos banquetas más altas que sus piernas, las balancean como péndulos aburridos. Dos parroquianos sobre la barra se vuelven cuando irrumpimos y nos miran tratando de escrutar por nuestras pintas de dónde hemos caído. Pienso que del cielo mismo, si estamos en la ciudad del cielo.
Nos sentamos en la única mesa libre, al lado de otra en la que cuatro hombres con viseras y boinas negras terciadas juegan al dominó con gran estruendo de fichas que remueven sobre el mármol. Fabrizio alucina y no acierta a comprender cómo todavía pueden quedar en España reductos anclados de épocas pretéritas. En otra mesa una pareja de novios jóvenes se hacen carantoñas hablando y riendo de vez en cuando con las dos chicas que tienen al lado. Dos preciosas veinteañeras, una morena y otra rubia. La morena me mira y la rubia mira a Fabrizio. Fabrizio me mira y yo le miro. Claro, que el arte, la sensibilidad e incluso la erudición no pueden ni tienen porqué contradecir en nada nuestra apetencia por los valores materiales que la sensualidad a veces nos reporta. Así que en nuestra mutua observación está envuelto un grado de reconocimiento en nuestra amistad en la guerra y el amor que ni pensamos poner a prueba. Nos abandonamos al azar de lo que el dios Pan quiera, en su magnanimidad, portarnos esta noche.
La noche se ha vuelto algo fresca y un viento a rachas persistente remueve girones de niebla algodonosa. A la luz solidificada de los faroles veo fundidas las cabezas de Fabrizio y la chica rubia mientras los ojos negros, con la niebla reflejada en sus pupilas, de la chica morena se ensueña con mis labios. Y justamente con ellos sello su punto de mira sumiéndonos en una vorágine apasionada de tactos y cercanías.
La casa blasonada este año no la alquiló su padre y aunque huele a cerrada al abrir las contras del balcón el aire orea pronto las habitaciones. Mi ensueño moreno de esta noche de niebla en la ciudad del cielo me comenta que su padre en los últimos años se la había alquilado a un señor de Rupit, un pueblecito de Barcelona. La casa la heredó su padre de su abuelo y este de su padre. Sabe que es muy antigua e importante y con las remodelaciones es confortable. A la luz de la lumbre baja veo su piel canela y sus ojos entornados de mujer esencialmente femenina que conoce ya los misterios insondables del amor entre un hombre y una mujer. Ambos sabemos que ese momento, esa noche plena e irrepetible de sensaciones quedará para siempre prendida entre los dedos de nuestra memoria.
...
TURKANA










CARTA DE AMOR DESESPERADA


Corría el año de gracia de 1940 o de desgracia, según se mire. A menudo, ambos atributos sólo dependen del tiempo en que se les considere. El tiempo, que todo lo lleva y lo trae, se llevó en el año 1945 lo que trajo en el 1940. Cuando el tiempo se lleva el amor desaparece con él todo un mundo hecho a su medida. Y en su lugar se instala un vacío universal de tactos y miradas juntas, de ternura y disipaciones compartidas, de sudor mezclado y saliva intercambiada, de la monotonía seguida de los días que, como una carcoma te llevará inevitablemente al final. Queda sólo un espacio poblado de fantasmas nostálgicos que rebotan como muñecos rotos entre sí y con las paredes de nuestra caja cerebral. Y pugnan por salir a la luz, al fiat lux del ser, y salen moleculitas de dolor disueltas en lágrimas. Los poros se cierran y la extensión completa del cuerpo se invagina por tactismo como los cuernos del caracol. Entonces el ser se convierte en un ser acechante que mira el mundo con miradas rápidas y apenas retenidas, con ojos tan vacíos como el desierto del kalahari. El mundo se vuelve inhóspito y el invierno más frío te cubre con su capa raída y áspera. Sólo cabe entonces esperar el rescoldo de la próxima primavera que venga invertida en su ardor. Su calor tímido e incipiente se transmuta por birlibirloque en otros calores de hogaño primaveras. Fotones de luz que irisan los colores de las flores y llenan por todas partes el aire de ceodós y oxígeno que nos consume y a la vez alimenta nuestro cerebro a instancias del corazón o el corazón que impele la sangre hasta el cerebro.

El corazón, el loco de la casa, la víscera cordial, de la cordialidad y del amor, del espasmo, del impulso mantenido cada día y a cada batido, inocente del camino. Un camino marcado por su término donde se bifurcan los amores. Allí donde comenzaron comienzan, porque en el amor, como en tantas otras cosas de las vidas de los hombres, el tiempo y el espacio se contraen y estiran y es de común experiencia que donde hubo dos en uno hay uno en dos. Tanta física cuántica de partículas elementales pergeñadas en dos lugares a la vez y el amor, desde siempre, consintiéndonos difusos en los caminos disidentes al mismo tiempo. Diluidos, como quedamos en el desamor, diluyéndonos en el amor.

Cuántas odas en marcha fúnebre cantadas por los poetas a su amada perdida y recuperada en sus sueños y desvelos que otro día ocupó con otros tintes y colores!

¿Dónde vas pajarillo asustado, tan pronto, si aún la muerte con su abrazo no cercenó nuestras vidas? Maldita tejedora de sueños y destinos Circe, alcahueta. Paridora de engendros, agostadora gozadora del daño de los hombres. Tejes redes espesas con hilos ensalivados en tu hiel, para uno y para otro, a cada amante tu ponzoña. Y al tejido lo alías con el tiempo, convicto tuyo en las maldiciones de los humanos, y cuando el macramé está listo, acabado el paisaje de embeleso, decantado el polvo de los años, lo agitas para tapar nuestros poros nutricios y vivos de amor.

¿Dónde vas pajarillo asustado, dónde? ¿Dónde, con tus patitas de alambre en un planeta que gira, a por qué tierra, a poblar qué espacios si no hay otros que los que Circe mancilló? ¿Dónde, amada mía, lejos de mi si la lejanía quedó atrás con nuestro encuentro? ¿Quién equivocó tus pasos, quién confunde tu destino, Circe sola no puede, equivocó a tu amor y equivocado te equivoca? Uno y otro confundidos, se justifica la pérfida.

Vence a Circe, si una vez fue vencida por amor. Y ha sido vencida muchas veces. Verás como enredos y quebrantos de hoy se transforman mañana en más loco amor. Mi piel que me contiene ese extraño mundo interior siente el rápido fluir de los electrones girando en órbitas expectantes como ejércitos a la batalla.

Sonará la música del que soy para guiarte por el proceloso mar que otros recorrieron, para sacarte del fondo de la selva oscura en que en la mitad del camino de tu vida te encuentras y volverás a la luz y a la vida. Volverás por los colmenares desde la flor del almendro de nata de mis sueños hasta el arroyo de mi vida, a bañarte, a mojar tu piel matizada, tus ojos negros emergentes y tu pelo encaracolado que me niegas. Volverás con tu risa vacilante, volverás inocente y sabia, sin duelo, casi más enamorada en la batalla ganada. Volverán a sonar tus dedos la música escondida de tus cuerdas con esos huesecillos tapizados por una carne ficticia. Chupar tu carne y oler tu olor que disimulas es aliento y alimento que me das, amor. Más que amor.
TURKANA
Carta anónima encontrada en Medinaceli (Soria)

martes, 5 de agosto de 2008

MEDITERRÁNEO


De ti vengo y a ti voy, mi mar querido,
Mediterráneo, amigo, que tanto te amo.
Me circundas y cortejas con tu cuerpo salino
y siento tanto mi vida como tu reclamo.

Te siento vivo, mi animal inmenso y bravo
pero dócil por dentro a mis ojos
que te escrutan y palpan como manos
desde el cielo alto de tantos tus antojos.

Soñaste con otra vida y por tu piel erizada
aventuras y desventuras de amor y pesadilla
han surcado naves de guerra encarnizada
y barcos de telas febriles de ilusión y vida.

Marco Antonio y Cleopatra, Penélope y Ulises,
corazones a la deriva desde una tierra a la otra
que tu inestable piel bullente de vientos les diste,
caminos en la mar y estrellas en el cielo para soñar.

Has escondido a tus dioses y velado tus aguas
entre rocas y medusas hastiado de mitos y hombres
que confundidos y crepusculares, sin honores
vuelven tus velos desvelos en todas las lenguas.

TURKANA

lunes, 4 de agosto de 2008

BORIKÉN


Entre dos mares está la isla
preñada de humedades,
abriendo marcha hacia la dominicana
y Cuba, mis Antillas queridas.

Desde el Yunke un taíno soñado
enhebra estrellas con el sonido del caracol.
Su piel oscura, su mirada negra,
su pelo lacio, sus piernas montunas
trenzan las ramas de la ceiba.

Como en una rosario de aceitunas
encasta sus notas el coquí
mientras los jibaritos al molinillo
de sus manos giran bengalas de colores.

El hacendado en su hamaca comba un brillo
en la mirada que rasga el blanco lino
sobre la piel tostada de la cotona joven.
Un tibio ron revuelve sus humores de hombre.

En la costa, el Caribe de entonces y de ahora
bombea dos pececillos con escamas de oro.

El gringo cabalga por Vía Apia un porsche
con los demonios sueltos y un orgullo que alborota.
Las boricuas, bellas hasta el delirio,
sesgan sus pupilas negras
sobre el porsche y el gringo
en la zambra de un baile que espera
desde el Yunke el eterno sonido
aventado en el caracol del taíno.

Excrecencia orgánica de la jungla
es el taíno, de las bocas que escupen,
fuego, el jíbaro y de la fuerza
de un imperio el puertorriqueño.

Así que, a la postre, es un compendio
de genes superpuestos que irrumpen
entre avatares de un denodado empeño
por ser lo que fueron, han sido y ser ellos.

TURKANA

Dedicado a Tina Casanova,
escritora puertorriqueña
por El último sonido del caracol.

...y dedicado a Milagros, Alejandro,
Vane, Javier, Annette, la mamá,
Manuel, Mirna, Dorian.

Dedicado a mis amigos,
el perro Balto y la rana coquí.

Dedicado a Ana Rosa y, cómo no,
al escualito Miguel Armando.

sábado, 2 de agosto de 2008

DERECHOS DEL ANIMAL


Artículo 1. Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia.

Artículo 2. a) Todo animal tiene derecho al respeto. b) El humano, en tanto que especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a otros animales, o de explotarlos violando ese derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales. c) Todos los animales tienen el derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del humano.

Artículo 3. a) Ningún animal será sometido a malos tratos ni a actos de crueldad. b) Si es necesaria la muerte de un animal, ésta debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia.

Artículo 4. a) Todo animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir libremente en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático y a reproducirse. b) Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho.

Artículo 5. a) Todo animal perteneciente a una especie que viva tradicionalmente en el entorno del humano tiene derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y liertad que sean propias de su especie. b) Toda modificación de dicho ritmo o dichas condiciones que fuera impuesta por el humano con fines mercantiles es contraria a este derecho.

Artículo 6. Todo animal que el humano ha escogido como compañero tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural. b) El abandono de una animal es un acto cruel y degradante.

Artículo 7. Todo animal de trabajo tiene derecho a una limitación razonable del tiempo e intensidad del trabajo, a una alimentación reparadora y al reposo.

Artículo 8. a) La experimentación animal que implique un sufrimiento físico o psicológico es incompatible con los derechos del animal, tanto si se trata de experimentos médicos, científicos, comerciales o de cualquier otra forma de experimentación. b) Las técnicas alternativas deben ser utilizadas y desarrolladas.

Artículo 9. Cuando un animal es criado para la alimentación debe ser nutrido, instalado y transportado, así como sacrificado, sin que ello resulte para él motivo de ansiedad o dolor.

Artículo 10. a) Ningún animal debe ser explotado para esparcimiento del humano. b) Las exhibiciones de animales y los espectáculos que se sirvan de animales son incompatibles con la dignidad del animal.

Artículo 11. Todo acto que implique la muerte del animal sin necesidad es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida.

Artículo 12. a) Todo acto que implique la muerte de un gran número de animales salvajes es un genocidio, es decir, un crimen contra la especie. b) La contaminación y la destrucción del ambiente natural conducen al genocidio.

Artículo 13. a) Un animal muerto debe ser tratado con respeto. b) Las escenas de violencia en las que los animales son víctimas deben ser prohibidas en el cine y la televisión, salvo si ellas tienen como fin el dar muestra de los atentados contra los derechos del animal.

Artículo 14. a) Los organismos de protección y salvaguarda de los animales deben estar representados a nivel gubernamental. b) Los derechos del animal deben ser defendidos por la ley como lo son los derechos del hombre.

Declaración Universal de los Derechos del Animal (1978)
Aprobada por la UNESCO y por la ONU
Promovida por la Liga Internacional de los Derechos del Animal.
TURKANA