viernes, 18 de junio de 2010

QUERIDO SARAMAGO

El niño que fui no vio el paisaje tal como el adulto en que se convirtió estaría tentado de imaginarlo desde su altura de hombre. El niño, durante el tiempo que lo fue, estaba simplemente en el paisaje, formaba parte de él, no lo interrogaba, no decía ni pensaba, como estás u otras palabras: "¡Qué bello paisaje, qué magnífico panorama, qué deslumbrante punto de vista!". Naturalmente, cuando subía al campanario de la iglesia o trepaba hasta la cima de un fresno de veinte metros de altura, sus jóvenes ojos eran capaces de apreciar y registrar los grandes espacios abiertos ante él, pero hay que decir que su atención siempre prefería distinguir y fijarse en cosas y seres que se encontraban cerca, en aquello que se pudiera tocar con las manos, también en aquello que se le ofreciese como algo que, sin tener conciencia de eso, urgía comprender e incorporar al espíritu (excusado será recordar que el niño no sabía que llevaba dentro de sí semejante joya), ya fuera una culebra reptadora, una hormiga levantando al aire una raspa de trigo, un cerdo comiendo en la artesa, un sapo bamboleándose sobre las patas torcidas, o también una piedra, una tela de araña, el surco de tierra levantada que deja el hierro del arado, un nido abandonado, la lágrima de resina seca en el tronco del melocotonero, la helada brillando sobre las hierbas a ras del suelo.
...
Ya no existe la casa en que nací, pero ese hecho me resulta indiferente porque no guardo ningún recuerdo de haber vivido en ella. También ha desaparecido en un montón de escombros la otra, la que durante diez o doce años fue el hogar supremo, el más íntimo y profundo, la pobrísima morada de mis abuelos maternos, Josefa y Jerónimo se llamaban, ese mágico capullo donde sé que se generaron las metamorofis decisivas del niño y del adolescente. Esta pérdida, sin embargo, hace mucho tiempo que dejó de causarme sufrimiento porque, por el poder reconstructor de la memoria, puedo levantar en cualquier momento sus paredes blancas, plantar el olivo que daba sombra a la entrada, abrir y cerrar el postigo de la puerta y la verja del huerto donde un día vi una pequeña culebra enroscada, entrar en las pocilgas para ver mamar a los lechones, ir a la cocina y echar del cántaro a la jícara de latón esmaltado el agua que por milésima vez me matará la sed de aquel verano. Entonces le digo a mi abuela: "Abuela, me voy a dar una vuelta por ahí". ...
La memoria, esa mariposa de alas tenues, una tarde, la Geria, cerca, la Asomada, Lanzarote. Sopla un viento suave, en el aire suspendida una atmósfera de partículas elementales que han volado un brazo de océano Atlántico desde el Sahara, un camino de polvo entre la lava petrificada del Timanfaya, la Geria, cerca de El Grifo, las malvasías son lágrimas cárdenas, en sus pozos de ingenio maduran entre el rocío de la mañana y el tibio calor de la tarde, un lagarto de Haría culebrea entre las vides y se esconde tras la carbonilla, al resguardo último del calor, veo los ojos de Saramago, ensimismados, ávidos de saber, siente, presiente, no puede presentir aunque intuye que siete años después escribiré ese momento, lo sacaré de mi memoria impregnando mis dedos del polvillo multicolor de la mariposa de alas tenues.

José Saramago
"Las pequeñas memorias"

TURKANA

viernes, 4 de junio de 2010

EL VIENTO DE LA LUNA


Justo ahora mismo, a las seis y veintidós de la tarde, cuando mi tía Lola acaba de golpear el llamador en la puerta de nuestra casa, ha estallado una llamarada roja sobre la cara oculta de la Luna. La manera de llamar de mi tí Lola no se parece a ninguna otra: es rápida, decidida, ligera, casi burlona, golpes rápidos de la aldaba que tienen algo de mensaje telegráfico. Cuando yo era pequeño su cercanía me daba siempre una secreta felicidad que era intensamente erótica. El propulsor principal de la nave Columbia se ha encendido para situarla en una órbita elíptica. Los astronautas se asoman a una oscuridad que jamás han intentado traspasar unos ojos humanos, y durante los próximos cuarenta y ocho minutos permanecerán aislados de toda comunicación con la Tierra, navegando por esa región de sombra a la que no llegan las señales de radio. Dormía con mi tía Lola en las noches heladas de invierno y me apretaba contra ella para cobijarme de la oscuridad y del frío, y a mi tía le daba una risa que se me contagiaba y los dos escondíamos las cabezas bajo las mantas pesadas y la piel de borrego para que nadie nos escuchara. Dentro de menos de veinticuatro horas el módulo lunar Eagle se separará del módulo de mando Columbia, desplegará sus patas articuladas y encenderá sus motores para emprender un descenso de cien kilómetros hacia un punto situado en el Mar de la Tranquilidad. Sólo dos de los tres astronautas culminarán esa parte del viaje. El tercero, Michael Collins, permanecerá solo en el módulo de mando, desde la tarde del domingo hasta la del lunes, dando vueltas alrededor de la Luna, casi treinta horas en ese tiempo insomne sin noches ni días que mide el reloj en el panel de mandos. Solo y atento, en guardia, mirando la negrura exterior sobre el horizonte gris del satélite, en el que verá aparecer la esfera distante y azulada de la Tierra, dividida por un cerco de sombra.

Recorto informaciones, titulares y fotografías del periódico y las voy pegando en las hojas anchas y recias de un cuaderno de dibujo. Los vuelos espaciales son el mayor exponente de la nueva era en la que ha entrado la Humanidad y han sido posibles gracias a los computadores electrónicos. Atesoro recortes, datos y palabras, refugiado en mi habitación, en lo más alto de la casa, como si viviera en un faro o en un observatorio astronómico, yo solo, igual que el astronauta Collins mientras sus dos compañeros caminan sobre la Luna. Palabras traídas del griego y del latín que nombran hechos de la ciencia y tienen resonancias de mitología. Aposelenio, periselenio. El punto más alejado de la órbita elíptica se llama aposelenio, y sitúa a la nave Columbia a 314 kilómetros de la superficie de la Luna: periselenio es el punto más cercana, a 112 kilómetros. ¿No llegará un día en el que esas máquinas superrevolucionadas se rebelen contra los amos que las construyeron y que ya no podrán seguir controlándolas?.

A las 22:44, esta noche, el propulsor se encenderá automáticamente de nuevo para que la nave adopte una órbita circular, a cien kilómetros de altura. "Las matemáticas explican el Universo", dice el Padre Director, "hacen visibles para la limitada razón humana las leyes eternas y sutiles que trazó Dios en la Creación". El espacio negro por el que viaja el Apolo XI es un vacío tan perfecto como el de la pizarra en la que el Padre Director dibuja círculos y elipses y garabatea fórmulas con un trozo de tiza. La sustancia blanca de la tiza está hecha con las conchas pulverizadas de unos moluscos diminutos que se extinguieron hace doscientos millones de años, tan innumerables que forman los acantilados blancos de la costa sur de Inglaterra. Nada es tan simple, nada es lo que parece a primera vista, y cualquier fragmento mínimo de la realidad contiene tales posibilidades de conocimiento y de misterio que da vértigo asomarse a ellas. Millones de ángeles cabrían en la punta de un alfiler, y todos los ceros que pueden dibujarse en la pizarra de la clase detrás de un solo uno no bastan para expresar la duración de la cienmillonésima parte de la Eternidad. Hacia cualquier lado que mires ta asalta un mareo de cifras imposibles. ¿Que mortandades, qué extinciones masivas de espermatozoides provoco yo mismo cada vez que me hago una paja, despilfarrando así los dones del plan divino establecido en el Génesis, Creced y multiplicaos? Millones de moluscos tuvieron que morir para que existiera el cabo de tiza con el que el Padre Director escribe una ecuación aterradora en la pizarra: el polvo de sus conchas móviles se queda flotando en el aire cuando el Padre Director se limpia las manos o da una palmada para llamar nuestra atención o formular una nueva amenaza, la fecha de un examen cercano. ¿Y si hay miles, millones de otros mundos habitados por seres inteligentes, a una distancia tan inmensa que jamás podremos tener noticias de ninguno de ellos, por mucho que hablen los periódicos de avistamientos de naves extraterrrestres? Aparte del Sol, la estrella más cercana a la Tierra es Alfa Centauro, y está a más de cuatro años luz, billones de veces más lejos que la Luna. Posiblemente, el problema que más está en la calle se refiere a la posibilidad de que estos hombres de otros planetas tuvieran también pecado original, escribe en Singladura el periodista L. Quesada, al que la gente llama Lorencito, y que cada día llena páginas y páginas de información sobre el viaje a la Luna, aparte de intervenir en un programa semanal sobre Ufología y misterios del espacio que yo procuro escuchar cada viernes por la noche en Radio Mágina. Anoche terminó la emisión recitando un poema sobre el Apolo XI que al parecer le había llegado de manera anónima, aunque él insinuó con tono de misterio que por el estilo y por el matasellos se podría asegurar qaue su autor era alguno de los poetas que escriben en nuestra ciudad, tan abundante en ellos, y no de los peores:

El hombre por el Cosmos se aventura,
supera con su espíritu el espanto
de tanta inmensidad jamás hollada...

Antonio Muñoz Molina

TURKANA

sábado, 22 de mayo de 2010

BALADAS DE AMOR


Baladas de amor,
Sencillas
Y sin sombras,
Apenas,
De Luis Miguel
Y Ricardo Arjona.

Baladas de amor,
Sencillas y puras,
De entregas
Y eternas.

Baladas.
Romántica e ingenua,
Y más pura que la luz
Y más cierta que la vida,
Es mi amor.

TURKANA


lunes, 17 de mayo de 2010

ARMAGEDON IS LOVING


Un horizonte de sal y agua
Es la línea, apenas abierta,
De sus párpados
En la esfera curva
De su visión.

Todo el cielo se cubre
De oscuro,
Y la tierra un cuchillo
De luz.

Ha visto pasar el tiempo
En su sueño,
Sobre un mundo
Hecho de viento,
Bronce y él solo.

Sólo silencio de frente
Y de nada envuelto,
Girando su mente sin dueño,
Ha cerrado, de nuevo,
Sus ojos.

Ya sólo todo oscuridad
Y él,
Una pavesa al viento.
Espora impelida que gira,
Una brizna, una semilla,
Casi infinita, de partida,
Entre lo que es
Y a lo que aspira.

Sólo es a lo que espera
Para nada más hay
Tiempo, ni peso,
Ni frío, ni calor.

Busca en su azar ciego
Que su micronésima dimensión
Impregne de quietud
Su vuelo
Y la ventolera de su sueño
Pase y levante,
Abierto,
El horizonte de sus ojos,
La curva línea
De sus párpados
Y enjugue unas manos
Que le brotan
Los surcos caudalosos
De salitre y llanto.
Siguen su rostro
Y hondos le cruzan
De parte a parte.

Nadar hacia la luz,
Hacia fuera, hacia arriba.
Salir nacido,
Hacia la vida
Y una extensa primavera
De estrellas
Prendidas sobre la hierba.

Fotografía: Misha Gordin
TURKANA

domingo, 16 de mayo de 2010

RIDERS ON THE STORM


Ha salido el hombre
A la calle.
En torno, todo es romo.
Sólo conspicuas
Las esquinas,
Las vértebras
Y, en parte,
El astrágalo
Que gira,
Como un barco
Con deriva,
A estelas oblicuas.

A vuelto el hombre
De la calle.
En su cuarto, solo,
"Riders on the storm".
Lluvia, jinetes,
Una partida de tiempo
Entumece su piel
Y tamiza de cadmio
Aquella tarde,
Gris y lluvia,
Que fue.

"Riders on the storm".
Se filtra melaza
De borra
Por dinteles y vanos.
Lluvia. Cortina tejida
Con nudos de melancolía,
Nostalgia,
Esta tarde, solo,
Mientras pasan,
Y pasan, y pasan...
"riders on the storm".

TURKANA

jueves, 13 de mayo de 2010

JINETERA


Se levantó por la mañana e hizo lo de costumbre. Tras desayunar se vistió y al pasar frente al espejo se sintió guapa. Fijó su atención en un punto impreciso del lóbulo de su orejita izquierda. Introdujo multitud de cosas en su bolso y tuvo la sensación que se dejaba algo.

Salió a la calle y la euforia que había sentido minutos antes se revitalizó. Una mañana radiante de sol ponía claridad en las perspectivas. Titilaban suavente las hojas de los árboles por la fresca brisa. Al fondo, sobre el horizonte, se reflejaba en el mar una veladura blanca de nubes apenas esbozada. El oscuro mar del trópico ofrecía su contrapunto.

Salió a la Avenida del Malecón e hizo "botella". Iniciado el gesto de levantar el dedito oscuro con la uñita pintada de rojo bermellón paró al instante un carro negro, potente y nuevo.

El funcionario de alguna embajada, con traje claro, entrado en años y algo panzón miraba con cierto disimulo las torneadas piernas trigueñas mostradas hasta un punto de ensueño. Mientras sorteaban los profundos baches, patrimonio nacional, por las amplias avenidas flanquedas de tamarindos y pintadas de malpacífico un ligero movimiento elongaba la blusita de la chica abriendo promesas cálidas en su busto. Preguntas de entrada con única salida intercambiaban el hombre y la chica. Intermediaban unos cucs. El malecón se extendía eterno, como una larga cicatriz de piedra oscura viajando por el espacio.

A intervalos salpicaban las olas la calzada.

El coche enfiló por las calles estrechas de la Plaza de San Francisco. Frente a un portal, con olor a tiempo y abandono, parquearon y salieron. La chica se acomodó su minifaldita y pasó delante. Los ojos del Diplomático se acomodaban al ritmo de las caderas firmes y rítmicas de la mulata. Se apartaron a su paso dos trigueños, una mami negra universal y tres peste-patas españoles que parecían caídos del cielo o levantados del suelo. Entraron en la habitación.

Ladró un perrito en la calle. Una voz de mujer, desde algún balcón, bajaba a gritos una comanda hasta la calle.

Salieron de la habitación. El diplomático andaba delante y la mestiza miraba con asco su caída de pantalón. Se apartaron a su paso tres peste-patas españoles, una mami universal y dos trigueños. Frente al malecón quedó la mulata.

Apenas iniciado su gesto con su dedito fino, rematado por su uñita pintada de rojo, su piel oscura, sus ojos negros, sus labios carnosos, sus pómulos altos, redondeados, orientales, sus tersuras apuntando las estrecheces, sus piernas largas y torneadas enmarcando pensamientos de macho y un coche blanco, nuevo y potente.

Ladró un perrito en la calle y ladró un perrito en la calle.

Por el malecón, plateada de luna su piel oscura. Sus ojos con reflejos de estrellas. En su pelo encaracolado de azabache perlas blancas de brisa.

Una sonrisa feliz y como un escalofrío de amor y entrega cuando ve, a lo lejos, a su papi blanco. Por el malecón, hacia la noche, van los dos abrazados, la chica besa a su chico mientras sueña el paraíso esta noche.
TURKANA

jueves, 6 de mayo de 2010

INTOLERANCIA LÁCTEA


Mi inocencia sobre la leche duró hasta que tropecé con los escritos de Robert Lowie, célebre antropólogo que se complacía en recopilar ejemplos de la "caprichosa irracionalidad" de los hábitos dietéticos del ser humano. Lowie estimaba como un "hecho sorprendente que los asiáticos orientales, como los chinos, japoneses, coreanos e indochinos mostrasen una inveterada aversión hacia la utilización de la leche". Yo compartía su sensación de maravilla. Como admirador y frecuente consumidor de comida china tenía que haberme dado cuenta de que los menús de ésta no contenían platos preparados mediante derivados lácteos: ni cremas a base de nata para acompañar carnes o pescados, ni queso fundido o en soufflé, ni tampoco mantequilla para añadir a verduras, pastas, arroces o budines. Pero todos los menús que yo había visto ofrecían helados entre los postres. Nunca se me ocurrió pensar que esta solitaria especialidad láctea fuera una concesión al paladar norteamericano y que poblaciones enteras de congéneres humanos pudieran despreciar el "alimento perfecto" de mi infancia y mi juventud. (...)

Me eduqué, como la mayoría de los miembros de mi generación, en la creencia de que la leche es un elixir, un hermoso y blanco maná líquido que tiene la facultad de hacer crfecer el vello en el pecho de los hombres y aterciopelar y sonrosar el cutis de las mujeres. ¡Qué conmoción descubrir que otros la consideran como una secreción glandular de aspecto feo y olor rancio que ningún adulto que se respete querría beber!. La industria lechera había publicitado que se bebiera un litro diario, con, entre y por la noche en las comidas porque asienta el estómago, trata úlceras, cura diarrea, calma los nervios y alivia el insomnio. Así que además de ser el alimento perfecto era poco menos que un medicamento.

Cuando los Estados Unidos fueron llamados a ayudar a la alimentación de los países subdesarrollados, durante el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, enviaron millones de toneladas de leche en polvo a esos países. La leche, ciertamente, era excedentaria y a los propios norteamericanos no les gustaba en polvo. Claro que ni entonces ni ahora toda obra de caridad, solidaridad o diálogo de culturas ha de reunir todos y cada uno, al detalle, de los factores requeridos para que se trate de un perfecto acto de amor. Se sabe, tiempo hemos tenido, que los actos humanos no son perfectos sin que por ello desmerezcan en su valor, aunque se trate, al final, de un valor relativo. Sigamos.

Agricultores, técnicos y políticos de la ayuda internacional sentían la íntima satisfacción de enviar su maná a los desnutridos del mundo, pero...Una vez en sus destinos habituales, que siguen siendo los mismos que entonces, África, Latinoamérica y Oceanía, comenzaron a oírse rumores de personas que enfermaban por beber leche, leche norteamericana.

Esos rumores se centraban en Brasil, 1962. Habían llegado 40 millones de kilos de leche en polvo, enviados por Kennedy en el marco del programa Alimentos para la Paz. Nunca ha dejado de ser curioso que a los programas de ayuda al tercer mundo se le incluya la apostilla de por la Paz. Ni que tuvieran las fuerzas necesarias para que esos indigentes desnutridos y anémicos pudieran hacerla peligrar iniciando una guerra. Quizá se temiera que la inciasen una vez recobradas las fuerzas con el consumo de la leche en agradecimiento como acto de libertad y de reafirmación en su dignidad. Sigamos.

Los brasileños se quejaban de que les hacía sentirse hinchados, con retortijones y diarrea. Los funcionarios estadounidenses se mostraron ofendidos por la forma en que se despreciaba y difamaba esta muestra de la generosidad norteamericana. "Lo que hacen -me dijo un funcionario- es comerse el polvo a puñados, metiéndoselo en la boca sin mezclarlo con agua. Y esto, claro, les produce unos dolores de barriga del diablo". Otro dijo que el problema estaba en que mezclaban la leche en polvo con agua contaminada y que la leche no tenía nada malo. Sin embargo los brasileños mezclaban la leche en polvo con agua hervida.

Los brasileños, a diferencia de los chinos y asiáticos, ni tenían prejuicios contra la leche y la tenían integrada en sus tradiciones culturales como herencia de la cultura europea en su mayoría. Pero... Los destinatarios de la ayuda eran clases pobres, descendientes genéticamente de africanos y amerindios.

Hay que tener en cuenta que muchos pueblos africanos y que los pueblos amerindios, sin excepción, desconocían por completo este consumo antes de la llegada de los europeos con sus animales domésticos.

Estados Unidos en ese tiempo distribuía también leche entera entre sus ciudadanos menesterosos en programas de ayuda contra la pobreza interior. 1960. Muchos médicos se habían percatado ya que para indígenas y habitantes de los ghettos estadounidenses les bastaba un solo vaso de leche para producirles desagradables síntomas gastrointestinales en negros e indios.

En 1965, un equipo de investigación clínica de la Johns Hopkins Medical School descubrió la causa: un amplio porcentaje de las personas que declaraban tener problemas intestinales relacionados con la leche era incapaz de digerir el azúcar que ésta contiene. Dicho azúcar, llamado lactosa, se define químicamente como un polisacárido o azúcar complejo, y está presente en la leche de todos los mamíferos, con excepción de los pinnípedos (focas, leones marinos y morsas).

Las moléculas de lactosa son demasiado complejas para atravesar las paredes del intestino delgado. Antes de que la sangre pueda absorberlas y de que se puedan utilizar como fuente de energía deben descomponerse en monosacáridos o azúcares simples, en concreto, glucosa y galactosa. La transformación de la lactosa en azúcares simples depende de la acción química de una enzima denominada lactasa.

Así que...descubrieron que el 75 por ciento de los individuos adultos de raza negra, en comparación con el 20 por ciento de los norteamericanos de raza blanca, padecen la insuficiencia enzimática de lactasa. Si la insuficiencia es grave, la lactosa se acumula en el intestino grueso, empieza a fermentar y despide gases. El intestino se llena e hincha de agua, y la lactosa es evacuada en forma de deposición líquida.

Hoy sabemos que el principal contigente de individuos "anómalos" capaces de absorber la lactosa vive en Europa, al norte de los Alpes. Más del 95 por ciento de los holandeses, daneses, suecos y escandinavos en general tienen la suficiente lactasa como para digerir grandes cantidades de lactosa a lo largo de sus vidas.

Es evidente que los mamíferos tienen que estar capacitados para beber leche durante su primera infancia. Pero...El índice de lactasa decrece al alcanzarse la juventud y madurez. Por qué? Una posible explicación de esta insuficiencia postinfantil consiste en que la selección natural no favorece los rasgos físico-químicos carentes de utilidad para el organismo. Además, las madres deben prepararse para nuevos embarazos. Una vez destetados, los seres humanos sólo tienen una forma de incluir leche en sus dietas: "robársela" a otros animales lactantes lo suficientemente mansos como para dejarse ordeñar por ellos. Y tendremos en cuenta, también que...

Si con el fin de satisfacer las necesidades de su nutrición un grupo humano necesita beber grandes cantidades de leche, la selección natural se mostrará favorable al éxito reproductor de aquellos individuos que posean el gen aberrante de la suficiencia en lactasa y contraria a quienes dispongan del gen "normal" de la insuficiencia.

La leche no contiene ningún ingrediente que no pueda obtenerse a partir de otros alimentos, de origen vegetal o animal. Pero...Sí contiene dosis masivas de un elemento que los europeos, sobre todo los habitantes de la Europa septentrional, seguramente necesitaron en cantidades excepcionales...

Se trata del Calcio, mineral que el organismo utiliza para formar, mantener y reparar los huesos.

El Calcio también puede obtenerse en dosis adecuadas a partir de vegetales de carácter hojoso y de color verde oscuro, como hojas de nabo, remolacha y espinacas. Pero deben ingerirse en grandes cantidades y son "paquetes" alimentarios mucho menos eficaces que la leche, cuyas grasas y azúcares constituyen una importante fuente, tanto de energía, como de proteínas, vitaminas y minerales. Sin embargo...

La presencia de calcio en un alimento no garantiza por sí misma su absorción intestinal. Los alimentos de origien vegetal que contienen calcio también contienen ácidos que ligan el calcio, impiden su absorción y disminuyen su valor biológico. Sin embargo...

La leche destaca como fuente dietética de calcio no sólo porque contiene más que la mayoría de los alimentos, sino porque contiene también una sustancia que favorece su absorción intestinal. Dicha sustancia no es otra que la lactosa.

La falta de calcio en los niños provoca el raquitismo y en los adultos la osteomalacia. El 47 por ciento de los individuos de raza blanca con osteomalacia presentan un déficit de lactasa. Sigamos...

Si los antepasados de los europeos suficientes en lactasa de hoy día dependían de la leche para obtener calcio y si corrián el riesgo de contraer raquitismo u osteomalacia, los individuos que afrontarían mayores peligros serían aquellos que fueran incapaces de beber grandes cantidades de leche o que sólo pudieran absorber una pequeña proporciópn de calcio contenido en la que bebían.

Hace 10.000 años la Europa Central y Septentrional estaba cubierta de bosques y contaba con una población muy escasa de cazadores-recolectores. En este modo de subsistencia no había apenas lugar para el cultivo de las verduras de carácter hojoso y color oscuro, ricas en calcio pero de escaso contenido energético.

Ahora bien, esos europeos, sobre todo en el transcurso de los 10.000 años hasta el momento actual, son un grupo étnico definido por el creciente BLANQUEO de su piel. Y la combinación doblemente excepcional de tez clara y suficiencia en lactasa no es, sin embargo, una coincidencia.

La tez clara, lo mismo que la suficiencia en lactasa, aumenta la absorción del calcio al permitir que ciertas longitudes de onda de luz penetren en la epidermis y conviertan en vitamina D, un tipo de colesterol que se encuentra en ésta. La sangre transporta la vitamina D3 desde la piel hasta el intestino (convirtiéndola técnicamente en una hormona más que una vitamina), donde desempeña un papel decisivo en la absorción del calcio.

La vitamina D también se puede obtener directamente de fuentes dietéticas, pero éstas son extraordinariamente limitadas. Se encuentra fundamentalmente en los aceites de pescado de agua salada, no dulce y en el hígado de los mamíferos marinos.

Un dato esencial es que la leche, en sí misma, no contiene cantidades importantes de vitamina D. ¿Por qué habría de contenerlas si ya contiene lactosa, capaz ella misma de sustituir a la vitamina D al contribuir a la absorción del calcio que la leche suministra en abundancia?

Entendamos ahora un aparente contrasentido. La tez morena es lo "normal" en nuestra especie. Y si el calcio es un nutriente tan importante y si la tez pálida favorece la síntesis de la vitamina D y, por tanto, de la absorción del calcio, ¿por qué esa piel clara tan "anómala"? La respuesta es: debido al cáncer de piel.

La pigmentación cutánea obedece a la presencia de partículas de una sustancia denominada melanina que protege nuestra piel de las radiaciones ultravioletas de la luz solar. El melanoma maligno es, principalmente, una enfermedad propia de los individuos de piel clara y ascendencia europeo-septentrional con un historial de exposición a intensas radiaciones solares.

Montando el puzzle...

Cuando los pioneros neolíticos emigraron al Norte los riesgos de raquitismo y la osteomalacia desplazaron a los del cáncer cutáneo. Al mismo tiempo, tuvieron que reducir la parte de piel que dejaban expuesta a la radiación solar y sintetizadora de la vitamina D, ya que debían abrigarse para protegerse de los inviernos que se hicieron más largos y fríos.

Dadas estas circunstancias, la selecciópn natural tuvo que favorecer especialmente a los individuos de tez pálida que no se ponían morenos, los cuales podían aprovechar las dosis más débiles y breves de luz solar para sintetizar la vitamina D3. Con el tiempo, una gran parte de la población perdió completamente la capacidad para broncearse. Y como durante el invierno sólo un pequeño círculo facial asomaba a través de las ropas, las gentes del norte adquirieron esas peculiares manchas sonrosadas y translúcidas sobre sus mejillas que constituyen auténticas ventanas cutáneas para facilitar la síntesis de la vitamina D3.

Y Según los cálculos de Cavalli-Forza, especialista en genética de poblaciones, los mediterráneos de piel morena y deficientes en lactasa transicionan a los escandinavos de piel clara y suficientes en lactasa, y esta adaptación se puede completar perfectamente en menos de 5.000 años.

¿A que es cierto que no hacen falta muchos más datos para ensamblar finalmente el puzzle de la intolerancia a la leche, la piel blanca, la vitamina D3, las migraciones hacia el Norte, Europa y Estados Unidos, China, África y amerindios y, sobre todo, Brasil?

Recopilado, extractado y adaptado de "Bueno para comer"
Marvin Harris

TURKANA