martes, 5 de agosto de 2008

MEDITERRÁNEO


De ti vengo y a ti voy, mi mar querido,
Mediterráneo, amigo, que tanto te amo.
Me circundas y cortejas con tu cuerpo salino
y siento tanto mi vida como tu reclamo.

Te siento vivo, mi animal inmenso y bravo
pero dócil por dentro a mis ojos
que te escrutan y palpan como manos
desde el cielo alto de tantos tus antojos.

Soñaste con otra vida y por tu piel erizada
aventuras y desventuras de amor y pesadilla
han surcado naves de guerra encarnizada
y barcos de telas febriles de ilusión y vida.

Marco Antonio y Cleopatra, Penélope y Ulises,
corazones a la deriva desde una tierra a la otra
que tu inestable piel bullente de vientos les diste,
caminos en la mar y estrellas en el cielo para soñar.

Has escondido a tus dioses y velado tus aguas
entre rocas y medusas hastiado de mitos y hombres
que confundidos y crepusculares, sin honores
vuelven tus velos desvelos en todas las lenguas.

TURKANA

lunes, 4 de agosto de 2008

BORIKÉN


Entre dos mares está la isla
preñada de humedades,
abriendo marcha hacia la dominicana
y Cuba, mis Antillas queridas.

Desde el Yunke un taíno soñado
enhebra estrellas con el sonido del caracol.
Su piel oscura, su mirada negra,
su pelo lacio, sus piernas montunas
trenzan las ramas de la ceiba.

Como en una rosario de aceitunas
encasta sus notas el coquí
mientras los jibaritos al molinillo
de sus manos giran bengalas de colores.

El hacendado en su hamaca comba un brillo
en la mirada que rasga el blanco lino
sobre la piel tostada de la cotona joven.
Un tibio ron revuelve sus humores de hombre.

En la costa, el Caribe de entonces y de ahora
bombea dos pececillos con escamas de oro.

El gringo cabalga por Vía Apia un porsche
con los demonios sueltos y un orgullo que alborota.
Las boricuas, bellas hasta el delirio,
sesgan sus pupilas negras
sobre el porsche y el gringo
en la zambra de un baile que espera
desde el Yunke el eterno sonido
aventado en el caracol del taíno.

Excrecencia orgánica de la jungla
es el taíno, de las bocas que escupen,
fuego, el jíbaro y de la fuerza
de un imperio el puertorriqueño.

Así que, a la postre, es un compendio
de genes superpuestos que irrumpen
entre avatares de un denodado empeño
por ser lo que fueron, han sido y ser ellos.

TURKANA

Dedicado a Tina Casanova,
escritora puertorriqueña
por El último sonido del caracol.

...y dedicado a Milagros, Alejandro,
Vane, Javier, Annette, la mamá,
Manuel, Mirna, Dorian.

Dedicado a mis amigos,
el perro Balto y la rana coquí.

Dedicado a Ana Rosa y, cómo no,
al escualito Miguel Armando.

sábado, 2 de agosto de 2008

DERECHOS DEL ANIMAL


Artículo 1. Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia.

Artículo 2. a) Todo animal tiene derecho al respeto. b) El humano, en tanto que especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a otros animales, o de explotarlos violando ese derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales. c) Todos los animales tienen el derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del humano.

Artículo 3. a) Ningún animal será sometido a malos tratos ni a actos de crueldad. b) Si es necesaria la muerte de un animal, ésta debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia.

Artículo 4. a) Todo animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir libremente en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático y a reproducirse. b) Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho.

Artículo 5. a) Todo animal perteneciente a una especie que viva tradicionalmente en el entorno del humano tiene derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y liertad que sean propias de su especie. b) Toda modificación de dicho ritmo o dichas condiciones que fuera impuesta por el humano con fines mercantiles es contraria a este derecho.

Artículo 6. Todo animal que el humano ha escogido como compañero tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural. b) El abandono de una animal es un acto cruel y degradante.

Artículo 7. Todo animal de trabajo tiene derecho a una limitación razonable del tiempo e intensidad del trabajo, a una alimentación reparadora y al reposo.

Artículo 8. a) La experimentación animal que implique un sufrimiento físico o psicológico es incompatible con los derechos del animal, tanto si se trata de experimentos médicos, científicos, comerciales o de cualquier otra forma de experimentación. b) Las técnicas alternativas deben ser utilizadas y desarrolladas.

Artículo 9. Cuando un animal es criado para la alimentación debe ser nutrido, instalado y transportado, así como sacrificado, sin que ello resulte para él motivo de ansiedad o dolor.

Artículo 10. a) Ningún animal debe ser explotado para esparcimiento del humano. b) Las exhibiciones de animales y los espectáculos que se sirvan de animales son incompatibles con la dignidad del animal.

Artículo 11. Todo acto que implique la muerte del animal sin necesidad es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida.

Artículo 12. a) Todo acto que implique la muerte de un gran número de animales salvajes es un genocidio, es decir, un crimen contra la especie. b) La contaminación y la destrucción del ambiente natural conducen al genocidio.

Artículo 13. a) Un animal muerto debe ser tratado con respeto. b) Las escenas de violencia en las que los animales son víctimas deben ser prohibidas en el cine y la televisión, salvo si ellas tienen como fin el dar muestra de los atentados contra los derechos del animal.

Artículo 14. a) Los organismos de protección y salvaguarda de los animales deben estar representados a nivel gubernamental. b) Los derechos del animal deben ser defendidos por la ley como lo son los derechos del hombre.

Declaración Universal de los Derechos del Animal (1978)
Aprobada por la UNESCO y por la ONU
Promovida por la Liga Internacional de los Derechos del Animal.
TURKANA

miércoles, 30 de julio de 2008

SALVAJISMO HUMANO


¿En qué eslabón de la cadena está el mayor salvajismo humano cuando se mata a una foca para ponerse un abrigo fabricado con su piel?

¿Repugna más al sentimiento el desalmado que rompe el craneo de la foca a golpes que la mujer que se engalana con la piel de foca? Es probable.

Sin embargo tan necesario es uno como la otra, pasando por la industria que la trata para hacérsela más fina a la mujer, más humanizada.

¿Habrá que enseñarle a las mujeres retratos de focas bebé para despertar su instinto maternal o es que entre todos hemos abolido este instinto por el afán compartido en ambos sexos de hacer iguales en todo a las mujeres?

¿Es el dinero una causa suficiente para matar de esta manera y con estas razones animales tan cercanos a nosotros en la escala biológica?

¿De cada golpe asestado en el cerebro de las focas, quién responderá?

¿Qué equilibro cósmico existe entre la belleza de una bella mujer vestida con un abrigo de piel de foca y la matanza de estos bellos y tiernos animales?

...Desearía no ser funambulista de estos delicados equilibrios cósmicos, si existiesen, y poder desequilibrar la cuerda que mantiene tensada un dios miserable.

TURKANA

MALINCHE



Durante más de dos horas los españoles apuñalaron, golpearon y mataron a todos los indios que ahí se encontraban reunidos. Malinalli corrió a refugiarse en un rincón y con ojos llenos de espanto vio a Cortés y sus soldados cortar brazos, orejas, cabezas. El sonido del metal rasgando músculos y huesos, los gritos, los lamentos aterrorizaron su corazón. El bello huipil que portaba pronto quedó salpicado de sangre. La sangre empapaba los penachos de plumas, las ropas, las mantas de los cholultecas; formaba charcos en el suelo. Los morteros y los arcabuces despedazaban a la multitud aterrorizada. Nadie pudo huir. Nadie pudo escalar los muros. Todos fueron asesinados sin que pudieran defenderse.

En cuanto asesinaron a todos los hombres que se encontraban ahí reunidos, se abrieron las puertas del patio y Malinalli huyó horrorizada. En la ciudad, los cinco mil tlaxcaltecas y los más de cuatrocientos cempoalenses aliados de Cortés saqueaban la ciudad. Malinalli los sorteó y corrió despavorida hasta que llegó al río. Era impresionante el odio con el que asesinaban a hombres, mujeres y niños. El templo de Huitzilopochtli, el dios que enfatizaba el dominio mexica, fue incendiado.

El frenesí de asesinatos, saqueo y sangre duró dos días, hasta que Cortés restableció el orden. Murieron en total cerca de seis mil cholultecas. Cortés ordenó a los pocos sacerdotes que quedaron vivos que limpiaran los templos de ídolos, lavaran las paredes y los pisos y, en su lugar, colocaran cruces y efigies de la Virgen María.

Según Cortés, este horror fue bueno para que los indios viesen y conociesen que todos sus ídolos eran falsos mentirosos, que nos los protegían adecuadamente, pues, más que dioses, eran demonios. Para Cortés, la conquista era una lucha del bien contra el mal. Del dios verdadero contra los dioses falsos. De seres superiores contra seres inferiores. El consideraba que tenía la misión sagrada de salvar a todos esos indios de la ignorancia en la que vivían, la misma que provocaba que, según él, cometieran todo tipo de actos salvajes e incivilizados.

Los miles de cadáveres desmembrados, sin vida, sin propósitos tomaron presa el alma de Malinalli. (...)

Malinche
Laura Esquivel


Malinalli, la Malinche, que ofició de "lengua" para Hernán Cortés traduciendo las conversaciones entre Cortés y los aztecas. Fue también la amante de Cortés y dada por éste a su lugarteniente Jaramillo con quien consiguió algo de su anhelada paz, además de un hermano para el hijo que tuvo con Cortés.

Laura Esquivel relata en su novela una época y un tiempo de violencia, ambiciones y religiones manipuladoras y manipuladas. El encuentro entre dos culturas, Europa, Occidente, España y América. España, con sus bocas que arrojan fuego y el arte de la manipulación y la guerra, salpimentados con una ambición desmedida por el oro, la piedra del sol, acaba a través de Hernán Cortés con el imperio azteca. Moctezuma, el último emperador azteca, muere dilapidado por sus propios súbditos o quizá fue asesinado finalmente por los españoles, no se ha dilucidado históricamente este extremo. Como sea, el hecho es que Moctezuma es paradigma de la intromisión moral y religiosa en el poder político. Atenazado por graves responsabilidades ve en los españoles el regreso de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que representa al dios azteca. En su creencia y por esos azares de la casualidad identifica, en un espejismo fatal para su civilización, a Hernán Cortés con el emisario de Quetzalcóatl que habrá de pedirle responsabilidades por sus sacrificios humanos.

Laura Esquivel construye una novela sensible, amena y con una perspectiva femenina y espiritual sobre el terrible encuentro de dos mundos, tan poco conocido como manipulado por todos.

TURKANA

jueves, 3 de julio de 2008

EL COLECCIONISTA



Tengo una noche pequeña
guardada entre las telas de mis sueños
y un búho verde y de cera
sobre una alacena de cartón-piedra.

Tengo disecado el sapito de los cuentos
y dos huevos de perdiz con manchitas.

Tengo la piedra de un río
y el pelo del perro que tuve
que miraba las estrellas y comía margaritas.

Tengo un escarabajo de lapislázuli
que perteneció a Nefertari
y tengo cosas muy serias
como un alacrán sin veneno
y de cristal de Bohemia dos mariquitas.

Tengo un grillo negro de hierro
y una veleta azul cielo.

Tengo un amor en letras de colores
sobre un papel carmesí.
Tengo lacrados muchos rumores
y un recuerdo que se parece a ti,
vivo como el rabo de las lagartijas,
guardado en una noche pequeña
que tengo entre los sueños de tela.

TURKANA

miércoles, 2 de julio de 2008

LA EMANENCIA DE LOS BURROS


Un día, quizá fue una tarde oscura del invierno, cuando veníamos de ver a mi abuela María, entramos en un comercio lleno de hilos, cintas, botones, dependientas y dependientes muy amables que medían las cintas elásticas con un metro de madera, donde mi madre me compraba los calzoncillitos de algodón y a mi padre los de pata larga, donde nos envolvían todo con un papel muy bonito plagado de redondeles blancos. Pues esa tarde, me había comprado algo específicamente para mí. Yo sabía que no podía ser muy grande, su misma pequeñez me intrigaba aún mas. Cabía sólo en el tamaño de uno de aquellos redondeles de envoltorio promocional que Comercial el Redondel usaba. El tamaño de una peseta. La tarde cada vez era más oscura. Gruesas nubes negras y de un azul profundo daban a toda la calle de Santa Clara un aspecto triste y denso. Se veía algún trabajador volver del trabajo pedaleando despacio su bicicleta grande y sólida. Sobre el manillar la chaqueta doblada. En el sillín el mono de mahón azul salpicado por innúmeras gotitas de colamina y la cesta de la comida, muy probablemente, con una fiambrera dentro. Me fijé un momento en él, puede que no hubiera nada más interesante, porque confirmaba mi realidad o, tal vez, para recordarlo hoy. Lo que más me admiraba sin saber entonces porqué era la monotonía de burro de noria con que movía los pies, sin expectativas, absolutamente resignado, sin pensar en nada, autómata, casi como si la calle fuera una cinta deslizante y lo llevara a él con el único imperativo de hacerle mover los pies en los pedales impelidos por las ruedas. Cruzó la Plaza Mayor y se enfiló por las callejas antiguas de mi ciudad hacia las bodeguillas o los barrios bajos.

-Mamá, ¿qué has comprado?
-Un escapulario, hijo.

Mi madre siempre que hablaba de buenas acababa la frase con hijo, que era la máxima expresión de su afecto hecho consuetudinario.
-¿Qué es un escapulario?

Me lo iba explicando según lo desenvolvía y apenas vislumbrado, pude ver antes que me lo colgara al cuello por debajo del jersey, de la camisa, de la camiseta y de la camiseta de tirantes, un cuadradito plastificado, mullido en el centro, color gris. También le oía decir que con él no debería temer más a demonios, brujas, aojadoras-gitanas, ni a otros espíritus malignos. Allí dentro había algo que las monjas de clausura, con sus manos y provisoras, hacían para colgar de los cuellos-niños y preservarles de todo mal. ¿Qué sería tan gran misterio, qué podría haber en aquel cuadradito capaz de ahuyentar de mi todo mal y preservarme en la salud? Además, en palabras maternas, estaba prohibido en absoluto abrir los escapularios pues, a más de ser pecado mortal, sus efectos se disipaban en la atmósfera heterogénea del bien y del mal que lo rodeaba todo. En este caso pudo más la curiosidad que el temor al sacrilegio, y al poco lo abrí, y mi decepción fue tan grande o más que fueran mis expectativas ante aquel descubrimiento, por fin sobrehumano. Una oración como las del catecismo y un corazón de Jesús someramente bordado por legas como los que estaban en las alcobas de mis abuelas. Corazón bordado sobre estampas de Jesús siempre repetido, por apacible inexpresivo, y con el corazón gentilmente transido por una cruz era todo su contenido.

Sentí una tristeza profunda, inexplicable. En realidad me sentí derrotado. No había ninguna esperanza sobrehumana. No había ninguna prueba definitiva. Las monjas no habían utilizado materia divina para la confección de aquellos escapularios. Mis esperanzas por encontrar dentro del escapulario algo diferente por completo de todo lo conocido se evaporaron, dejándome desorientado y con un vacío que me asqueaba y me hacía echar pestes del mundo. Empezaba a desconfiar de un mundo que continuamente me engañaba y se engañaba con aspiraciones insensatas.

Aquella tarde gris plomiza, húmeda, triste del invierno, se me quedó para siempre gravada o clavada como una espina de pena en toda la extensión íntima de mi yo.

Me gustaban más las herraduras que encontraba por la Ruta de la Plata, ferruginosas y rotas. En ellas no había nada oculto. Las besaba y besaba a ellas. Las tiraba para atrás y caían ellas, en cualquier sitio; pero desde ese sitio, era cierto, que durante algún tiempo estarían prodigando al aire salutíferas emanaciones que me envolverían haciéndome inexpugnable y devolviendo a mi egocentrismo el protagonismo perdido. Gracias sean dadas a los burros. Al burro de la lechera Tati, que me contuvo. A los que aguantaron con su mirada resignada que les hurgara en las narices. A todos los burros gracias sean dadas, por dejar sus herraduras perdidas dándome la suerte que me negaron los escapularios.
TURKANA